Publicado el 26-04-2006 / Edición Nº 4 / Año III

 














CALIDAD DE VIDA, DESARROLLO HUMANO Y AMBIENTE
por Grana, Roberto C.
Universidad Nacional de la Matanza
Grana, Roberto C. (26-04-2006). CALIDAD DE VIDA, DESARROLLO HUMANO Y AMBIENTE.
HOLOGRAMATICA - Facultad de Ciencias Sociales UNLZ
Año III, Número 4, V4
ISSN 1668-5024
URL del Documento : https://cienciared.com.ar/ra/doc.php?n=416
URL de la Revista : https://www.hologramatica.com.ar

RESUMEN:
La construcción histórica social del ambiente en su tridimensionalidad natural, social y cultural se vincula no solo con el estar y las condiciones espaciales de existencia, sino también con el hacer y el desarrollo de la personalidad y las potencialidades de las personas y por consiguiente de los grupos sociales. Surge así la interacción entre esta construcción del ambiente con la calidad de vida y el desarrollo humano.
PALABRAS CLAVE: Calidad de Vida- Desarrollo Humano- Ambiente- Necesidades- Carencia- Potencialidades
ABSTRACT:
The environment `s historic and social construction insofar as its tripartite dimension, that is to say natural social and cultural, is related to not only  being and spatial conditions of existence but also doing and personality development as well as people`s potential,consequently social groups´s. So it deals with the interaction between the environment construction and Quality of Life and Human Development.
KEYWORDS: Quality of Life- Human Development- Environment- Needs- Lack- Potenciality

Introducción

El primer interrogante que se plantea el desarrollo a escala humana se refiere a, ¿Cómo puede establecerse que un proceso de desarrollo es mejor que otro?, y posteriormente se afirma: el mejor proceso de desarrollo será aquel que permita elevar la calidad de vida de las personas. Afirmación que sugiere otra pregunta, ¿qué factores deciden la calidad de vida de las personas?. La calidad de vida de las personas dependerá de las probabilidades que tengan de satisfacer sus necesidades fundamentales. Surge  entonces el tercer interrogante, ¿cuáles son esas necesidades fundamentales?. La respuesta a este último interrogante es el eje de esta concepción teórica.

 

En esta teoría el concepto de desarrollo se remite al desarrollo de las personas y no de los objetos. Desarrollo de las personas que se fundamenta en la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales. Estas necesidades humanas son limitadas, universales, sin orden jerárquico a priori y, constantes en los diversos tiempos históricos y culturas, ya que se corresponden con las características existenciales generales del ser humano y la evolución lenta del núcleo axiosófico de su  subjetividad.

 

Mientras, los que varían más rápidamente según el ritmo de los tiempos históricos, y que se diversifican de acuerdo a las culturas y circunstancias, son los satisfactores, que representan los bienes y servicios, las prácticas sociales, las instituciones y normas, los valores, los espacios y actividades que dan satisfacción a esas necesidades humanas fundamentales.

 

Por consiguiente, se señala que se debe evitar seguir confundiendo las necesidades con los satisfactores de esas necesidades múltiples e interdependientes, que se interrelacionan entre sí. Las necesidades generan carencias, pero simultáneamente crean la motivación para el desarrollo de las potencialidades humanas con el hacer comprometido, transformador y creativo. Comprender las necesidades en la tríada de carencia, potencia y deseo satisfecho, previene contra toda reducción del ser humano a una existencia cerrada y sin opciones libertarias.

 

Para clasificar las necesidades humanas, se reconoce que puede haber múltiples criterios, ante lo cual esta concepción opta por dos categorías, la de existencia y la de valor. En razón de esas categorías,  se clasifican a las necesidades humanas en existenciales y axiológicas.

 

Las necesidades existenciales se dividen en ser, estar, hacer y tener. Necesidades existenciales que se resuelven a través de la satisfacción de las necesidades axiológicas. Estas necesidades axiológicas son diez y se denominan de: subsistencia, protección, afecto, ocio, creación, libertad, entendimiento, identidad, participación y trascendencia.

 

Esta clasificación de las necesidades axiológicas, nos remite a no hablar no solo de pobreza económica sino a observar las múltiples pobrezas, que pueden ser de subsistencia, o de protección, o  de afecto o de entendimiento, etc. Esto me hace reflexionar sobre, personas con mucho dinero que son ignorantes, otras que con satisfacción mínima de las necesidades de subsistencia que son sabias y, aquellos con excesiva satisfacción de sus necesidades de protección, por su poder de dominación, que están carentes de afecto o aquellas personas que han resuelto la satisfacción de su necesidad de subsistencia pero sacrificando sus necesidades de libertad, identidad y participación. 

 

Entiendo, que las necesidades axiológicas se denominan así, porque la forma de satisfacerlas es optativa, estimativa y cultural, y depende de la libertad relativa del ser humano condicionada por la historia, la sociedad y la naturaleza, es decir el mundo exterior dado, ya que uno de los aspectos que definen una cultura y sus cambios, está referido al tipo de satisfactores que eligen. Y que cada sistema político, social y económico,  adopta diferentes formas de satisfacer las necesidades axiológicas.

 

El desarrollo a escala humana contempla, a través de las necesidades y satisfactores, los aspectos materiales de la existencia humana junto a otros aspectos intangibles culturales, intelectuales, afectivos o espirituales. De acuerdo a este criterio los satisfactores son ubicados en cinco grandes grupos

 

Los satisfactores violadores o destructores, que no satisfacen la necesidad a la que van dirigida e impiden satisfacer otras necesidades. Un ejemplo de los mismos, puede ser agredir para que se entienda, no se resuelve el entender, y perjudica la satisfacción de otras necesidades como protección, afecto, creación, libertad, participación. Asimismo las adicciones, generalmente pertenecen a este grupo de satisfactores.

 

Los satisfactores inhibidores, que satisfacen inadecuadamente la necesidad planteada e inhiben la probabilidad de satisfacer otras. Un ejemplo de ellos podría ser la didáctica tradicional – docente activo transmisor y estudiante pasivo recipiente- inhibe la satisfacción de las necesidades de identidad, creación, libertad, participación.

 

Los pseudos satisfactores, que dejan insatisfecha la necesidad a la que se dirigen. Un ejemplo de estos puede ser cumplir formalmente con la asistencia a un curso, lo cual no satisface totalmente la necesidad de entendimiento del tema tratado.

 

Los satisfactores singulares, que satisfacen una sola necesidad y son neutras con las otras, son propios del asistencialismo. Un ejemplo de los mismos sería la caridad, que resulta neutra con la satisfacción de otras necesidades como la creación, la  participación, el entendimiento, la identidad.

 

Los satisfactores sinérgicos, que satisfacen la necesidad a la que se dirigen y dinamizan la satisfacción de otras necesidades. Los satisfactores de la participación son sinérgicos. La madre que amamanta a su hijo satisface junto con la necesidad de subsistencia, la satisfacción de las necesidades de afecto, identidad y protección. Como cambia la situación, cuando el niño es alimentado por vía mecánica y no esta con su madre.

 

Los primeros cuatro satisfactores son exógenos, por que proceden desde afuera de la persona o grupo social. Mientras que los sinérgicos son endógenos, pues provienen desde el seno de la persona o grupo social. La participación, puede ser considerada la necesidad que genera la mayor cantidad de satisfactores sinérgicos.

 

El desarrollo a escala humana cuestiona el reduccionismo del desarrollo a la cantidad y variedad de productos materiales que se consumen, sin dejar de tener en cuenta aquellos bienes artificiales que resultan de actividades económicas primarias, secundarias y terciarias, que en cada época histórica y cultura el ser humano necesita hacer y tener como una de las contribuciones a su bien – estar. Por consiguiente, no prioriza el crecimiento económico sino el sentido y el rumbo del hacer técnico económico como un instrumento al servicio del desarrollo de las personas y los grupos sociales.

 

El desarrollo a escala humana encara la resolución de los problemas que enfrentan las poblaciones humanas, a partir de la participación de los involucrados en esos problemas, y no del discurso y el hacer hegemónico de una elite externa o de un grupo de expertos. Esto no significa prescindir de la consulta y/o la actividad complementaria de especialistas, que deberían ser incorporados al dialogo, para facilitar la búsqueda de soluciones y cursos de acción, que decidirán las poblaciones interesadas.

 

En consecuencia, también se debería redefinir el contenido social y el rol del Estado, para que se transforme en una institución facilitadora de procesos de generación de satisfactores sinérgicos surgidos de la participación de las personas y grupos sociales que integran. Dejaría de ser un Estado que impone satisfactores exógenos a las personas, en el mejor de los casos para satisfacer una necesidad singular, para convertirse en un estado que estimule los procesos participativos.

 

La persona desocupada por un largo período que significa la falta de participación para satisfacer la necesidad de subsistencia familiar, por lo general atraviesa cuatro etapas: impacto inicial, optimismo, pesimismo y fatalismo. Esta última etapa acarrea apatía y falta de participación en la búsqueda de empleo, debilitamiento de la autoestima y de la identidad, crisis familiar y afectiva. La desocupación estructural y generalizada como de dá en nuestros tiempos, transforma  estas crisis individuales en procesos patológicos colectivos.

 

La forma en que se ha organizado la producción y apropiación  de los bienes en el capitalismo industrial ha condicionado de manera abrumadora el tipo de satisfactores dominantes. Cuando la forma  de producción y consumo de bienes conduce a que estos se conviertan en fines en si mismos, la presunta satisfacción de una necesidad empaña las potencialidades de vivirla en toda su amplitud. Queda allí abonado el terreno para la instauración de una sociedad alienada que se embarca en una carrera productivista sin sentido. La vida se pone al servicio de los artefactos, en vez de estar los artefactos al servicio de la vida” [1]

 

Transitar de la eficiencia de máxima productividad utilitaria a la sinergia que estimula con la participación plena la realización de las potencialidades humanas y la satisfacción del conjunto de sus necesidades axiológicas, implica una cambio profundo de la racionalidad económica dominante. Lograr un desarrollo capaz de conjugar la sinergia con la eficiencia, quizás no satisfaga todo lo deseado, pero si permita que lo no deseado aparezca como inexorable.

 

La teoría del desarrollo a escala humana tiene un enfoque social crítico para tratar sistemas abiertos, al incorporar el concepto de sinergia, que supera la visión lineal y fragmentaria de la idea del progreso y de la economía capitalista dominante. Es evidente, que esta teoría abre nuevas sendas y, puede hacer una gran contribución a darle mayor profundidad a la estimación valorativa para el logro del ecodesarrollo social y humano, que implica la construcción histórica de un ambiente exterior, en su tridimensionalidad natural, social y cultural, apto, sano y agradable, que consolide en el hacer colectivo del estar espacio - ambiental, el desarrollo de todas las potencialidades humanas.

 

La estimación valorativa y el desarrollo humano - ambiental

 

La estimación valorativa se muestra con las actitudes, aptitudes y comportamientos de la persona hacia sí misma y hacia los otros seres abióticos, fito-zoobióticos y humanos en su tiempo existenciario. Así descubrimos en la persona a un ser finito, que desarrolla su subjetividad en un proceso de interiorización, estimación y reflexión resignificante,  que se caracteriza por la continuidad, creación y ruptura. Esta subjetividad unitaria, compleja y dinámica estaría integrada por una tríada principal, que variaría según la etapa histórica, la pertenencia sociocultural y el desarrollo de la personalidad.

 

Una de estas formas tridimensionales de la subjetividad se expresaría en lo vital endotímico temperamental, íntimamente vinculado a lo psíquico inconsciente. Vitalidad psicobiótica generadora de pulsiones e impulsos ciegos libertarios. Otra de las formas tridimensionales de la subjetividad desarrolla la sabiduría de la intuición, la percepción general, la capacidad estimativa y las imágenes valorativas.

 

Esta facultad axiosófica humana interacciona, a través de lo axiotímico, con la vitalidad psicobiótica y permite seleccionar el sentido sociopersonalitario de las pulsiones, deseos e impulsos libertarios. Una tercera tridimensión de la subjetividad es la ecognósica sociopersonalitaria que resignifica axiológicamente los conocimientos y normas, que cada ser humano interioriza en interacción simbólica con otras personas y el mundo que lo circunda.

 

La persona como integrante de diferentes endogrupos sociales que interelacionan con otros grupos sociales o exogrupos y con la sociedad en su conjunto de forma directa, indirecta o mediática, desea, estima, conoce y acciona para satisfacer sus necesidades axiológicas materiales y espirituales, que se originan en sus condiciones, potencialidades  y necesidades  temporales y existenciales.

 

La actividad técnica socialmente organizada genera transformaciones en los componentes naturales del ambiente y agrega componentes artificiales socioculturales al mismo. Esta actividad cultural desarrolla un ambiente cada vez más complejo, cuyas características dependen de la capacidad técnica alcanzada e implementada en la producción, los servicios y las comunicaciones mediáticas.

 

La relación de los valores con el conocimiento científico se fundamenta, en la trascendencia que la filosofía de los valores, tiene para la ciencia, el arte y la técnica como medios instrumentales de las transformaciones que el hombre produce en la sociedad y la naturaleza.

 

El problema ecosistémico y socio ambiental que abordamos, se refiere a la necesidad de descubrir con la estimación valorativa el sentido de la vida y los rumbos del hacer humano, no solo para satisfacer la necesidad existencial de tener alimentos, servicios y vivienda, y la necesidad axiológica de crear bienes artificiales, sino también de realizar esta actividad que transforma los ambientes, estimando las formas más apropiadas para responder a otras necesidades existenciales como son: respetar la dinámica de los ecosistemas naturales, que nos permitan estar en ambientes más apropiados y dignos de la calidad de vida humana que aspiramos.

 

Las culturas de “occidente” parecen tener una absoluta desconsideración con el tiempo biológico, como resultado del alejamiento de la naturaleza. Esta falta de comprensión y respeto sobre el tiempo biológico, puede tener sus raíces en la omnipotencia del antropocentrismo.

 

Actualmente esta actitud se manifiesta: en no apreciar los tiempos de la evolución natural; en que no se asuma la muerte y lo efímero de la vida; en estimular el culto a la juventud y la interminable sucesión de cirugías plásticas según los modelos mediáticos propuestos; en hacer una reducción de lo estético valorativo, a formas y rasgos corporales determinados por el mercado; a ubicar como ejemplos sociales a personas que parecen trasladar las creencias de la vida eterna a la existencia eterna en este mundo con avidez insaciable de riquezas y poder.

 

El individualismo y esta falta de consideración sobre el tiempo biológico coadyuvan a subestimar los bienes naturales y al propio prójimo. Así se hace difícil, desarrollar valores para una conciencia solidaria y ecológica, cuando no sabemos apreciar y mirar al otro como un compañero de un mismo viaje que tiene fin, que realizamos en el mismo tiempo y en este planeta tierra, por el océano cósmico.

La estimación valorativa así desarrollada, se arraiga en la experiencia directa y, solamente en intereses propios e inmediatos, sin reflexionar sobre problemas más generales sociales y naturales. El viejo refrán nos cabe: “no vemos más allá de nuestras propias narices”.

 

En el libro “Meditación de la técnica” se dice al respecto: “Sin embargo, la preocupación teórica y práctica en torno a los valores es uno de los hechos más hondamente reales del tiempo nuevo. Quién ignore el sentido e importancia de esa preocupación se halla a cien leguas de sospechar lo que hoy está aconteciendo en los profundos senos de la realidad contemporánea, y más lejos aún de entrever el mañana que hacia nosotros rápido avanza”.[2]

 

El sentido del desarrollo científico, técnico y productivo

 

Otro interrogante que nos tendríamos que plantear es: ¿La humanidad debería afinar su pensamiento en la búsqueda de un desarrollo científico, técnico y productivo que esté más en correspondencia con el equilibrio dinámico de los ecosistemas?. Ante una respuesta positiva, la lógica nos sugiere, que el logro de este objetivo, en circunstancias siempre cambiantes, nos exige estrategias políticas, culturales y económicas iluminadas por la sabiduría estimativa  valorativa, apoyadas por precisos estudios científicos de impacto ambiental y por reflexiones sobre esta relación antrópico - natural. La mayoría de los filósofos contemporáneos sostienen, que la filosofía de los valores, es el aporte histórico que exige  nuestra época para el logro de la excelencia en la producción científica y técnica.

 

La educación y autoeducación penetradas por la filosofía de los valores tiende a equilibrar las relaciones entre el ser psicosomático de las pulsiones, el logos del conocimiento y el espíritu de lo estimativo valorante, en la dinámica humana transformadora de ese ambiente que hereda y reconstruye. En consecuencia, no podemos acordar con el objetivismo absoluto que subestima las facultades y probabilidades humanas optimizadoras o destructoras, ni con el subjetivismo extremo omnipotente, que aísla a la persona de su ambiente.

 

La cosa se muestra necesaria para el sujeto que la aprecia y por consiguiente vale. En un contexto histórico, social y cultural se desarrolla la facultad estimativa de la persona que va descubriendo en el mundo exterior ambiental, lo que le es pertinente y valoriza.

 

En consecuencia, el valor no es subjetivo y arbitrario, pero tampoco universalmente absoluto, ya que su existencia es relativa a la existencia de la cosa que vale para un sujeto que estima los valores utilitarios, vitales, espirituales y trascendentes. La satisfacción de las necesidades existenciales y axiológicas cambian y se desarrollan en el curso del tiempo existencial, debido a la creatividad y actividad humana, y transforman así la demanda de satisfacción material y espiritual, lo cual incide en las características estimativas de la persona, y en las propiedades relativas que valorizan a las cosas.

 

El fenómeno exterior cuando puede ser conocido por el sujeto genera saber y juicio fáctico, pero simultáneamente origina estima o desestima y juicio de valor por parte de la conciencia valorativa, a quien compromete y transforma. Los valores están condicionados por el tiempo existencial que se caracteriza por la finitud, los diversos tipos y grados de conocimiento, la capacidad estimativa, el perfil del momento histórico sociocultural y la estatura ética de la persona.

 

Por consiguiente, una educación científica y técnica sin reflexión libre sobre valores y disvalores, es una búsqueda vacía de poder, que con facilidad conduce a conductas individualistas, degradantes del ambiente y en definitiva autodestructivas, ya que la libertad de proyectar y hacer, brota de la condición humana junto a facultades de estimaciones valorativas que se originan en esa misma potencialidad libertaria.

 

El valor emerge, en cada situación, como una resignificación creativa de sentido y las normas son la expresión de lo instituido, que en el transcurrir temporal de la existencia y de la historia humana se pueden transformar en dogma. Por el contrario, el valorizar se expresa en el aquí y ahora concreto de elegir, crear e instituir.

 

A nuestro entender, si es el hombre quién tiene la facultad de valorizar, correspondería decir, que la ética no puede prescindir de las cualidades de naturaleza material, es decir de las cualidades propias que se manifiestan en las cosas y que al ser valorizadas por el siendo humano hacen emerger cualidades relativas o potencialidades valiosas, que transforman a esas cosas en bienes que satisfacen demandas materiales y/o espirituales.

 

Por consiguiente para el hombre, esos fenómenos o cosas naturales o artificiales  no serán siempre, bienes en los cuales se manifiesten valorizaciones positivas para la calidad y dignidad de la vida de los hombres, y si pueden llegar a ser circunstancias que expresen estimaciones disvalorativas, o formas naturales o culturales de degradación presentes o potenciales.

 

La lógica racional indicaría, que a través de la experiencia histórica política, social y cultural, deberíamos saber valorar como corresponde ese mundo exterior, aunque nunca lleguemos a conocerlo totalmente. Pero la realidad de nuestros días demuestra, que esa valoración personal y colectiva, no es algo fácil ni seguro de resolver, lo que no debe desanimar en seguir haciendo camino para lograrlo. 

 

Para una concepción de ecodesarrollo humano los valores vitales adquieren singular importancia, así como los valores espirituales de equidad, justicia, solidaridad, creación, conocimiento,  libertad, identidad, cooperación, respeto mutuo, prudencia, recreación, ya que estos valores vitales y espirituales representarían las condiciones de vida personal y social, en las que se puedan perpetuar y optimizar la existencia de las generaciones humanas del presente y del futuro.

 

El ser humano no solo percibe, analiza, ordena y explica las cosas, sino que también las estima, las prefiere y las valora, o las desestima y las rechaza y en consecuencia las desvaloriza. Por consiguiente, los valores no son algo que otorga nuestra subjetividad a los objetos, sino una compleja y extraña cantidad de cualidades relativas de las cosas que nuestra conciencia estima y encuentra fuera de sí, como también encuentra fuera de sí y conoce las cualidades propias del aire, del agua, de las rocas, de  los vegetales, de los  animales y de otras personas. Por consiguiente se debe distinguir los valores de las cosas, ya que las cosas valen para un ser humano que las necesita y valoriza.

 

En consecuencia, podemos decir que cualquier ambiente no resultará bueno por el solo arbitrio de nuestra conciencia lógica cognitiva, sino existe simultáneamente, una armonía entre las cualidades propias y relativas de los componentes ambientales con el desarrollo de las facultades estimativas de los sujetos y de la valoración más integral de lo útil, lo vital, lo justo, lo prudente, lo bello, lo bueno, etc. De lo cual se puede deducir que la construcción social del ecodesarrollo humano resultaría de la extensión y profundización de la reflexión crítica cognitiva y de la estimación valorativa.

 

Pero la independencia de lo estimado valorativo es mayor que el de las otras cualidades relativas de las cosas como el comparar, entender, etc., ya que la experiencia sobre los valores es independiente de la experiencia sobre las cosas. Lo cual explicaría, la distancia que existe en nuestros días, entre el progreso científico y técnico y la depredación de la naturaleza, la creciente injusticia social y la discriminación étnica, social y cultural.

 

Nuestra concepción ecológica se apoya en esta dialéctica entre la libertad y las circunstancias para estimular el espíritu crítico y creador. La capacidad de estimar y valorar abre paso al conocimiento natural, científico y técnico, a las normas morales, legales y cognitivas,  a las costumbres, hábitos y  tradiciones, pero simultáneamente crea las condiciones para cuestionar y cambiar. Genera lo instituido, pero recuerda la importancia de volver a descubrir, crear e instituir.

 

Al hacer estas reflexiones ecológicas sobre ambiente y calidad de vida nos referimos no solo a la calidad de vida, sino también a la dignidad de la misma, lo hacemos pensando que el ser humano es cualitativamente diferente al resto de los vivientes y que su vida esta impregnada de una especial dignidad, que es inherente a la vida humana y abarca aspectos que trascienden a la mera calidad.

 

La calidad de vida sólo considera un conjunto determinado de necesidades, pero la dignidad expresa la historia personal y social. Esta interpretación de la calidad de vida incluida en el de dignidad, contribuye conceptualmente a profundizar e integrar los valores utilitarios y vitales con los valores espirituales y abre nuevos rumbos para darle sentido a la economía, a la vida personal, a la aplicación del saber científico y técnico, y a las decisiones políticas.

 

Esta fusión de calidad y dignidad de vida  despliega toda la trascendencia humana de estar con el otro. Pone en evidencia que la persona necesita satisfacer junto a las necesidades materiales, las  necesidades sociales de afecto, de respeto, de conocimiento, creación, recreación, identidad, libertad.

 

La opresión étnica, cultural, familiar, política y las relaciones de dominación política,  social y económica que las sostienen siguen siendo la prehistoria ética de la humanidad, a pesar de que se logren progresos científicos, técnicos y productivos inéditos. Pues la libertad no es un valor más, ya que de ella brotan los valores, que junto al espíritu, el tiempo y la existencia interaccionan entre sí, para darle sentido al devenir que se temporiza. Así la imagen valorativa se conforma, proyecta y transforma.

 

Desde esta concepción valorativa nosotros fundamentamos el ecodesarrollo humano como una modesta contribución para lograr que el avance del  conocimiento y la productividad no agudicen la alienación y los sufrimientos de los pueblos y, por el contrario, se conviertan en el futuro en instrumentos socialmente útiles, para elevar la dignidad y calidad de vida de las personas en un ambiente sano y agradable. Nunca antes en la historia hubo condiciones científicas y técnicas tan propicias para lograrlo. 

 

Lo que acontece en nuestro tiempo, reafirma que la debilidad o ausencia de valores como justicia, equidad y respeto mutuo genera conflictos entre bloques de naciones, entre países, entre pueblos, entre grupos sociales, étnicos y religiosos, entre géneros y entre generaciones.

 

Desde este enfoque epistemológico de la educación ecológica incluimos las imágenes valorativas, en primer lugar,  para el otro humano, pero también, para comprender y respetar a otros seres vivos beneficiosos componentes de los ecosistemas planetario y que contribuyen con la dinámica de sus relaciones a sostener las condiciones ambientales que hacen posible la vida de los hombres en la tierra.

 

En esta interacción con los seres de la naturaleza no humana, en una etapa de la historia donde el hombre debido a su capacidad técnica transformadora, asume la dirección de la evolución de los ecosistemas y de la biosfera, queremos destacar como otro valor trascendente, la prudencia. Hasta ahora hemos contemplado y explotado a la naturaleza, ha llegado el momento de comenzar a respetarla, como una condición cada vez más necesaria, para preservar las condiciones de la vida humana en nuestra casa tierra.

 

Del hacer científico, técnico y creativo humano y de la estimación valorativa, depende el rumbo de los acontecimientos, y la probabilidad de un desarrollo humano socialmente equitativo y solidario en cooperación con la naturaleza.

 

La mayor profundidad de la subjetividad y la estimación valorativa junto a la ecología general y humana y la teoría económica del desarrollo a escala humana, puede contribuir a las transformaciones que hacen falta, para enfrentar la grave crisis social, económica, cultural, ética y natural que viven nuestros pueblos y, hacer camino con la acción hacia un ecodesarrollo social y humano.

 

El ecodesarrollo humano

 

En este trabajo, se incorpora el concepto de Ecodesarrollo humano, considerando que el tipo de existencia  del ser humano y el desarrollo de todas sus potencialidades: no solo depende de lo que hace individualmente y socialmente y lo que tiene, sino también de cómo esta el hogar natural, socio - cultural que habita,  es decir su ambiente y los ecosistemas que lo sostienen.

 

Las fuentes teóricas  principales que fundamentan el ecodesarrollo humano, según mi criterio son la ecología general y humana, la filosofía de los valores y la teoría social – económica de desarrollo a escala humana.

 

Desde este incipiente paradigma ecológico, nos planteamos recuperar la visión de globalidad no fragmentada sobre fenómenos planetarios y cósmicos de alta complejidad, en los cuales coexisten sistemas organizados y percepciones caóticas, con una dinámica interactiva entre la tendencia a la evolución de formas más complejas de materia y energía, como  se expresan a través de la vida y la muerte en la tierra, y en las tendencias a la negentropía y entropía  de todos los sistemas naturales.

 

Estos planteos, por consiguiente no pueden coincidir con el mito del progreso lineal e ilimitado, con la omnipotencia de la razón humana y la ciencia, y aún menos con los nuevos mitos técnicos que todo lo podrán. El ecodesarrollo humano, no se puede concebir sin profundos cambios en nuestra sociedad y en el ethos dominante de nuestra civilización.

 

Ante estos fenómenos de alta complejidad, entre los cuales transcurre nuestra vida cotidiana, se hace necesaria la búsqueda constante para integrar la unidad  con la diversidad, que incluye el respeto a la diversidad cultural, y la difícil resolución de un sentido ético humanitario común de paz, solidaridad, equidad, justicia y cooperación planetaria. 

 

La crisis del fin del siglo XX enfrenta a las generaciones del Siglo XXl con problemas sociales, culturales y socio – naturales de alta complejidad. Se podría afirmar, sin temor a errar, que son problemas de una profundidad y amplitud inédita en la historia de la humanidad. Es por esto, que algunos autores hablan de una crisis civilizatoria, que se da en el marco de avances científicos y técnicos asombrosos.

 

Avances científicos y técnicos, que como ya hemos observado anteriormente, al mismo tiempo que resuelven enigmas del pasado sobre enfermedades, productividad del trabajo humano, transportes terrestres y espaciales y comunicaciones mediáticas, agudizan la crisis intrasocial y socio natural debido al tipo de relaciones sociales de producción, pautas culturales dominantes y el carácter de las relaciones interhumanas existentes.

 

Crisis de fin de siglo que se manifiesta: en el incremento de la exclusión laboral, la pobreza, la marginación social y la discriminación de diferentes grupos sociales en los países de América Latina, Africa y Asia; en la opresión nacional neocolonial; en las fuertes tendencias a la uniformidad cultural; en el mayor padecimiento de los ciudadanos de las grandes ciudades de los países industrializados; en la agresión  creciente a los ecosistemas y la biosfera; en el deterioro de los sistemas  de salud,  de educación y de los ambientes urbanos y rurales; en conflictos bélicos  múltiples y genocidios masivos por causas diversas.

 

Es una crisis civilizatoria que tiene su origen en la continuidad de un paradigma mecanicista, racionalista, positivista y de crecimiento económico sostenido sin sentido social, que se consolida por el dominio globalizado del capitalismo y sus bloques imperiales, que profundiza las contradicciones entre los tiempos de la naturaleza y los tiempos de la transformación técnica.

 

Esta crisis ha dado origen a diversas corrientes de pensamiento que fundamentan un paradigma humano ecológico incipiente que rescata el saber, la participación y la autodeterminación de los pueblos, y el rol protagónico de la mujer.  Este embrionario paradigma, se propone el desarrollo de la subjetividad humana y sus potencialidades, la creación de relaciones interhumanas de nuevo tipo, y la reconstrucción del hogar que habitamos respetando los tiempos biológicos.

 

El siglo XXl enfrenta a la sociedad humana y a nuestros pueblos del Sur con complicaciones, que demandan: más participación y menos delegación, más cooperación y menos competencia, más solidaridad y menos individualismo, más equidad distributiva de los bienes y menos consumismo, mayor desarrollo subjetivo, espiritual y de la personalidad y menos obsesión posesiva de poder material y de dominación 

 

Al reflexionar sobre una visión integral de los problemas de la sociedad y la naturaleza, aparece como una exigencia insoslayable, descubrir como se expresan las dificultades planteadas, así como establecer problemas y generar consensos para enfoques teóricos prácticos generales que son, a nuestro entender, avances necesarios para acertar en la dirección y el sentido del ecodesarrollo humano.

 

“De su diversidad la humanidad puede extraer sus mayores tesoros, siempre y cuando recobre el secreto de su unidad, y se replantee el futuro solidariamente en una tierra que es su casa común”; “lo universal no se opone a las patrias, sino que las une concéntricamente a la patria tierra” y “ todo arraigo étnico es legítimo si va acompañado por uno más profundo a la identidad humana terrestre.” [3] El escritor argentino Marcos Denevi,  lo dice de otra manera “Quizás algún día los argentinos nos convenzamos de que este hotel de tránsito es nuestro único hogar, que no hay ninguna Argentina – visible o invisible – esperándonos en alguna otra parte” [4] 

 

Esta idea  de unidad y diversidad tiene que estar acompañada con la de equidad en las relaciones entre los pueblos y entre las personas, para lo cual es necesario: “sentar las bases de un nuevo orden social capaz de cultivar las ilimitadas potencialidades latentes en la conciencia humana”

 

Visión más integral que nos indique el rumbo de un eco desarrollo humano, que contemple junto a la satisfacción de las necesidades de subsistencia y de protección material y afectiva, la participación de los ciudadanos como un factor sinérgico, que realiza la necesidad axiológica de libertad, y permite dejar de reducir la necesidad a una carencia, para generar con la satisfacción relativa de la misma, el desarrollo de las potencialidades vitales y espirituales.

 

La insuficiencia de una visión integral en correspondencia con estas líneas del pensamiento de ecodesarrollo humano, no solamente se debe a deficiencias cognitivas, también influyen fuertes intereses mezquinos de grupos sociales y clases dominantes.

 

La cultura dominante en parte se reproduce en los grupos sociales oprimidos, y se manifiesta en un debilitamiento de la estimación valorativa para dar sentido y encontrar  nuevos rumbos en nuestra andanza efímera cósmica en el planeta tierra. Andanza efímera que hacemos con  el otro, nuestros compañeros de viaje.

 

Se trataría de un desarrollo humano que se fundamente en la participación política y social; en la descentralización de las de las decisiones políticas; en la diversidad y unidad planetaria; en la igualdad social, de género, de nacionalidades y etnias, de creencias y culturas diversas; en espacios comunitarios de aprendizaje mutuo; en el estímulo de la satisfacción de las necesidades sinérgicas y desarrollo de las potencialidades humanas; en relaciones con la naturaleza no humana, que se caractericen por criterios de cooperación, prudencia, moderación y frugalidad. Ya que este nuevo paradigma ecológico consiste en la visión y la dimensión ecológica de todo lo viviente y consiguientemente de todo lo humano.

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[1] MAX NEEF ,M. , ELIZALDE ,A. y otros, opus cit. pp. 283-284

[2] ORTEGA Y GASSET, José, opus cit. , p.315

[3] MORIN, Edgard, “La tierra como patria”, El Correo de la Unesco, Noviembre, 1995.

[4] DENEVI, Marcos, Eco Contemporáneo N° 1, Buenos Aires, 11 de diciembre de 1961, p.7.

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