Publicado el 11-12-2006 / Edición Nº 5 / Año III

 














CLASES SOCIALES, ASPIRACIONES Y FATALISMO. UN ANALISIS QUE TOCA A LA CALIDAD DE VIDA Y A LA GOBERNABILIDAD
por Aparicio, Miriam
Universidad Nacional de Cuyo
Aparicio, Miriam (11-12-2006). CLASES SOCIALES, ASPIRACIONES Y FATALISMO. UN ANALISIS QUE TOCA A LA CALIDAD DE VIDA Y A LA GOBERNABILIDAD.
HOLOGRAMATICA - Facultad de Ciencias Sociales UNLZ
Año III, Número 5, V2, pp.3-16
ISSN 1668-5024
URL del Documento : https://cienciared.com.ar/ra/doc.php?n=450
URL de la Revista : https://www.hologramatica.com.ar
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RESUMEN:

El estudio forma parte de un Programa de investigaciones cuyo eje fue la problemática de la movilidad social y apuntó al esclarecimiento de las variables psicosociales en vistas del estancamiento estructural en Argentina y su incidencia en el subdesarrollo. A la luz de la literatura sobre niveles de aspiración según clases sociales en su relación con movilidad, se intentó esclarecer la incidencia de las mismas en cuanto generadoras de desigualdades o de reproducción social. Se pasó revista  a las principales teorías (macro y micro), centrándonos en la teoría hiperculturalista por su particular vinculación con la problemática. Se testaron hipótesis en torno de síndromes como “Voluntarismo” y “Fatalismo”, entre otras. Las técnicas usadas fueron cuantitativas y cualitativas. La muestra totalizó 330 grupos familiares (subpoblaciones de adultos y jóvenes y parejas padres/hijos) del Gran Mendoza (áreas urbanas, suburbanas y marginales). La encuesta se aplicó a jefes de familia y a sus hijos adolescentes, dado el carácter de algunas de las hipótesis. Se trabajó con variables de base, socioculturales, estructurales y psicosociales. Los resultados invitan a repensar lo sustentado en teorías elaboradas en otros tiempos y contextos y recuperan el rol de los condicionantes psicosociales en lo que concierne a movilidad socio-ocupacional. Contra tales teorías, surge un cuadro preocupante: altas aspiraciones en los sectores más bajos unidos a un mayor fatalismo en la percepción del futuro, a bajas expectativas y escasa credibilidad en los gobernantes. El problema es grave si se piensa que las capas medio-bajas son cada vez más importantes en nuestro país y que son muchos los sujetos que -aún llegando a la Universidad- no ven en la educación un factor de crecimiento o movilidad social; por el contrario, bajo la aguda crisis estructural, el fatalismo aparece impregnando el futuro personal y societal.

PALABRAS CLAVE: mobilidad social, aspiraciones, fatalismo
ABSTRACT:

Social classes, aspiration and fatalism. An analysis that approaches life quality and governability

This study is part of a research program with axis in the social mobility issue, pointed to enlighten the psicosocial variables in view of the structural stagnation in Argentina and its incidence in subdevelopment. In the light of the literature about levels of aspirations according to social classes, it has been tried to establish the incidence of these as social differences or reproduction generators. The main theories have been viewed (macro and micro), centering in the hyperculturalist theory because of its particular vinculum with the issue. Hypothesis about syndromes such as “Voluntarism” and “Fatalism”, among others, were tested. Qualitative and quantitative techniques were used.  The sample was of 330 family groups (young and adults subpopulation, and parents/ sons couples) of the Great Mendoza, (urban, suburban and marginal areas). The questionnaire was applied to family bosses and their teenager children, because of the characteristics of some of the hypothesis. We worked with base, structural, sociocultural and psicosocial variables. The results invite to rethink what is sustained by theories made in other times and other contexts, and to regain the part that psicosocial conditioning play in what socio- occupational mobility concerns. Against such theories merges a worrying picture: high aspirations in the lower sectors together with a higher fatalism in the perception of future, to low expectations and scarce credibility in the governors. The problem becomes severe when the middle- low sectors are each time bigger in our country and there are many subjects that -even getting into University- do not see Education as a factor of growth or social mobility, in the opposite, under the acute structural crisis, fatalism impregnates the personal and societal future.

KEYWORDS: social mobility, aspirations, fatalism

I. Consideraciones preliminares

 

            El estudio forma parte de un Programa de investigaciones amplio cuyo eje fue la problemática de la Movilidad y apuntó a una redefinición del rol de la Educación  y análisis de la incidencia de las variables psicosociales en la misma en vistas del estancamiento estructural del que adolece América Latina y su incidencia en el subdesarrollo.

 

El desarrollo se efectúa en dos instancias: movilidad y empleo. Aludiremos aquí sólo a los resultados de uno de los subproyectos. Este tuvo por objeto contribuir a una reinterpretación de lo sostenido desde una abundante literatura sobre niveles de aspiración por clases sociales en su relación con movilidad. En el fondo, intentamos esclarecer los mecanismos generadores de desigualdades y, a partir de allí, analizar las teorías de base producidas en otros tiempos y contextos  socio-históricos a la luz de nuestros propios referentes empíricos, evitando extrapolaciones ajenas a nuestra realidad.

 

            Entre las teorías dominantes que  intentan explicar la movilidad o inmovilidad podemos citar, en el orden macro, las teorías funcionalistas e hiperfuncionalistas (Bourdieu, Baudelot, Establet, S. Martin); en el orden micro  las que la explican por el origen , la posición social (Keller  y Zavalloni), la herencia cultural (Bernstein, Bourdieu), por la estructura de las relaciones familiares (Elder, Krauss) y las que lo hacen por los sistemas valorativos o subcultura de clases (Kahl, Hyman, Chinoy, Girard y Clerc, etc.). 

 

            Entre ellas nos centramos en la última, conocida por teoría de la “subcultura de clases”, encuadrada bajo un paradigma hiperculturalista, y efectuamos un pre-test de algunas de sus hipótesis nucleares analizando los elementos psico-sociales del problema.

           

            Varios fueron los motivos. En principio, la mayoría de estas aproximaciones son unifactoriales. Esto, sumado a la insuficiencia de los instrumentos usados en el análisis estadístico, hace inexplicable una buena cantidad de hechos paradojales surgidos en el campo de la psico-sociología de las desigualdades y de la movilidad, vinculadas al desarrollo nacional.

 

            Además, algunos trabajos nuestros en la línea habían corroborado algunas de estas insuficiencias. Los resultados pusieron de manifiesto la necesidad de superar el nivel agregado -en que prácticamente queda sumergida la investigación en este dominio- y rever algunas de las teorías propuestas por cuanto nos parecían poco explicativas respecto de nuestra realidad.

 

            Tal el marco que inspiró este estudio, en el que intentamos penetrar críticamente el modelo referido y, a su través, analizamos también algunos elementos de otras teorías de índole psicosocial (grupos de referencia y handicaps culturales).

 

            Concretamente, sobre la base de datos primarios, tratamos de esclarecer el peso de la variable “sistemas de valores”  según pertenencia de clases sobre éxito escolar y social, esto es, sobre movilidad, dada la vigencia de explicaciones divergentes en ese sentido propuestas desde la Psico-sociología, Sociología del Trabajo y hasta la del Currículum, en donde la temática de los valores trasmitidos o “códigos” culturales  dominantes, reproductores de la ideología burguesa, ocupan un lugar central.

 

            Las preguntas eje fueron ¿Qué peso ejercen los valores -como variables intervinientes- en la movilidad o estancamiento social? ¿Varía éste según sectores sociales?  Y, más concretamente,  si realmente el sistema de valores es diferente según clase de pertenencia y, por ende, al descender por la escala social se encuentran sistemas valorativos asociados a probabilidades decrecientes de éxito y ascenso en el sistema escolar y social, si los valores constituyen, en última instancia, barreras hacia el logro individual y nacional ¿Por fin, se puede hablar de valores universales?

 

            En este marco procuramos observar: a) si a medida que descendemos por el estrato socio-profesional, la ligazón éxito social/nivel de instrucción es percibida en menor grado, b)  si el éxito es percibido como el efecto de factores que escapan al control del individuo (azar, destino, relaciones, etc.) o, más bien, como el producto de un plan concebido y dominado por el sujeto. Esto implicaba testar hipótesis en torno de síndromes reconocidos como “Voluntarismo” y “Fatalismo” junto con otras que ayudaron a redefinir la dimensión psicosocial del problema.

 

            A continuación, exponemos brevemente algunos ejes de las explicaciones  producidas y, vinculado con ello, el sistema de hipótesis derivado.

 

II. Decisiones teóricas

 

1. Breve marco teórico

            Dentro de las explicaciones producidas que toman como eje Valores y Actitudes puntualizaremos tres o cuatro pues ellas inspiraron nuestro sistema hipotético.

 

            a) La explicación desde la relación Estratificación /Fatalismo (Hyman,  Kahl).   La más baja movilidad de los sectores menos aventajados es explicada por algunos teóricos culturalistas por la presencia de variables intervinientes entre posición social y movilidad posible: la presencia de determinados sistemas de valores y componentes actitudinales.

 

            Tales valores llevarían a reducir las acciones voluntarias tendientes al  ascenso entre los estratos más carenciados. Los componentes del sistema valorativo incluirían, básicamente, un menor énfasis sobre el logro de las metas que, a su turno, serían instrumentos de éxito y una mayor consciencia de la falta de oportunidades. 

           

Hyman es claro: “El individuo no quiere tal éxito, sabe que no podría conseguirlo y no quiere lo que le ayudaría a conseguirlo”. La consecuencia: los valores, organizados como sistemas, se erigen en barreras autoimpuestas en orden al éxito. La explicación se funda aquí  no ya en las menores chances sino en los más débiles deseos de triunfo. Lipset, en la línea, sostiene que  “...la acumulación de desventajas en la base de la escala social es en gran parte el resultado de la falta de interés por el logro educacional y ocupacional”. Parsons dirá que el distanciamiento respecto de los patrones de la clase media se produce allí, fundamentalmente, por la evidente pérdida de interés por el logro. Y Hyman sostendrá  que “...el esfuerzo hacia el éxito social disminuye francamente en las capas inferiores”.

 

            Pese a apoyarse en evidencias distintas, los autores concuerdan en reconocer que entre los sectores de referencia se concede escasa importancia tanto a la Educación Superior como a la calificación y categorización socio-profesional.

 

            b) La explicación desde el mecanismo de racionalización (Chinoy).

            La tendencia a la anomia es reemplazada aquí por la tendencia a la seguridad, meta “suprema” para quienes están más sumergidos socioeconómicamente.

 

            c) La explicación por los grupos de referencia (Merton)

            La explicación desde un ángulo psicosocial del menor éxito de los estratos más bajos se halla en la existencia de menores oportunidades.

 

La  pregunta bien podría ser ¿Los valores difieren en función de la posición social inmediata?  La problemática de la anomia en cuanto desfase de las metas culturalmente prescriptas/ medios legitimados para alcanzarlas -más aguda entre los sectores sociales más bajos- se levanta ¿En qué medida se combina aquí el deseo marcado de alcanzar metas importantes socialmente con medios escasos? ¿En qué medida los estratos valoran las metas de éxito propuestas, estiman que las oportunidades están al alcance y sustentan sistemas valorativos que se ordenan o alejan de aquellas metas? La respuesta, dado el franco predominio de estas capas en países subdesarrollados, comporta un reto.

 

            d) La explicación por la posición social (Keller y Zavalloni)

            La distancia a la meta es decisiva en este marco pues las aspiraciones no se pueden valorar en el vacío. Lo que es normal para el sujeto ubicado en una determinada posición aquí y ahora (por ejemplo, asistir a la Universidad para las clases medias) comporta un salto importante para quien se ubica en una posición más baja.

           

De hecho, tratar “...la ambición y el rango de la meta de éxito como intercambiables y no como interdependientes puede oscurecer la relación ambición/clase social”, dicen las autoras.

           

Conforme a esta perspectiva la distancia a las metas variaría  según estrato y, por ende, cabría esperar distintas aspiraciones en ellos no porque los sujetos que los componen sean menos ambiciosos sino porque algunos estratos se encuentran más cerca de ciertas metas  que otros.

           

La noción nos parece de interés por cuanto desde las propuestas hiperculturalistas se atribuye, sin más, la presencia de menor N-ach, motivaciones, etc. a las capas sociales más bajas y, de aceptarlo, esto podría contribuir a realimentar el fatalismo, de consecuencias particularmente graves en los países latinoamericanos.

           

La cuestión de las “distancias” a las metas culturalmente prescriptas salta a la vista para una más ajustada interpretación de los valores en cuanto barreras autoimpuestas (o no) a la movilidad social.

 

            e) La explicación por el tipo de influencia familiar (Kahl)

            A efectos de testarla, debimos trabajar con parejas padres/hijos pues.

 

 

            Desde nuestra perspectiva y a estar con lo observado en nuestro medio, ninguna de estas explicaciones agota la cuestión. Quizás una aproximación más integradora u holística debiera conjugar al lado de la ambición y aspiraciones, la oportunidad y la distancia.

 

            Por otra parte, el N-ach no sólo toca a lo educacional  -procurar alcanzar el nivel más alto, tal como pareciera desprenderse de la literatura-   sino también al ámbito político, económico y social.

 

            En la consideración debiera ingresar, además, otra problemática  psicosocial: la del prejuicio. De hecho, la Universidad es más accesible a las capas  altas y es ya “la cosa a hacer” entre las medias. Dicho muy llanamente, comportarse “muy a lo clase media” comporta responder a las expectativas de los otros y, en ese entorno, no cursar estudios universitarios supondría caer socialmente, la movilidad descendente siempre amenazaría... Luego cabría preguntarse si el hecho de llegar a la Universidad es primariamente expresión de aspiraciones o es también un modo de evitar la “demotion” social  o, de otro modo,   ¿más que significar un alto nivel de aspiraciones no podría estar trasluciendo la repugnancia a caer socialmente?

           

La cuestión nos aparece como compleja pese a rayar muchas de las explicaciones con reduccionismos flagrantes.

 

 

4. Esquema causal

           

Las hipótesis que exponemos a continuación se apoyan en estudios conocidos. Su incorporación al sistema de hipótesis obedece a dos razones: a) resultados nuestros alcanzados en investigaciones anteriores contradecían algunas de ellas; b) habían sido producidas en contextos muy diferentes al nuestro en lo socioeconómico y cultural.

 

            1. Las desigualdades sociales ante la enseñanza se explicarían, esencialmente, por sistemas de valores diferentes (según pertenencia de clase) que generan actitudes y comportamientos  específicos en relación con logro escolar/social (Hyman).

           

            2. Procesos de “racionalización” permitirían hacer coincidir el valor de distintos componentes del éxito con la situación objetiva. Así, en los estratos más bajos se daría una predominancia de las metas de seguridad sobre las de prestigio y reconocimiento social (Chinoy).

 

            3.  Las actitudes de los adolescentes respecto de los estudios, el logro, el ascenso se estarían ligados, más bien, al tipo de influencia familiar y no a procesos de racionalización (Kahl).

 

            4. Los individuos definen sus ambiciones y adoptan actitudes a partir del medio inmediato y por referencia a grupos a los que pertenecen o se sienten próximos (Merton).

 

            El marco común a todas es la problemática de la movilidad.

 

 

III. Decisiones empíricas y metodológicas

 

1.  La muestra

           

Totalizó 330 grupos familiares (subpoblaciones de adultos y jóvenes y parejas padres/hijos).  El sondeo se efectuó en el Gran Mendoza (áreas urbanas, suburbanas y marginales). Se intentó cubrir el amplio espectro social que va de estrato social alto urbano a bajo suburbano. La Encuesta se aplicó a jefes de familia y a sus hijos adolescentes, dado el carácter de algunas de las hipótesis en juego.

 

2. Variables e indicadores

 

            La  encuesta incluyó variables de base, socioculturales y psicosociales. La misma constó de dos partes principales. En la primera se relevaron datos del jefe de familia, la madre y el abuelo paterno, particularmente las de base y sociales. La segunda estuvo dirigida al jefe de familia e incluyó variables socioculturales e ideológicas. La misma Encuesta se aplicó a los hijos adolescentes.

           

Citamos a continuación algunas de las variables. a) De base: sexo, edad, estrato social, movilidad geográfica, educacional, ocupacional y social, nacionalidad, etc.  b) Psicológicas: Autopercepción de felicidad, N-ach, Optimismo, Fatalismo, Milenarismo, Autopercepción de clase, Identificación con clase más baja, etc. y c) Cultural-actitudinales: Opinión sobre las estructuras (la familia, la Universidad), Anomia, Activismo, Fatalismo, Resistencia al cambio, aspiraciones políticas, culturales y económicas, religiosidad, etc.

 

3.  Las  técnicas

 

            Trabajamos con datos primarios. Elaboramos a efectos del relevamiento una Encuesta de opinión. En la misma incluimos una sub-escala de valores (activismo/fatalismo) de 24 ítems adaptada por nosotros sobre la base de investigaciones importantes en la materia (J. Kahl, E.  Hollinshead, Hyman y otros). La aplicación fue precedida de una entrevista al jefe de familia e hijos adolescentes y complementada por otras técnicas cualitativas (anecdotario, registro de datos, observación no obstructiva).

 

 

IV. Contrastación de hipótesis y resultados

 

            Por razones operativas nos detendremos sólo en algunos de los hallazgos marcando  divergencias y convergencias  entre las valoraciones efectuadas por los adolescentes y sus padres cuando ello resulte pertinente.

           

Tomaremos dos ejes para el análisis: Aspiraciones en relación con Educación y con Oportunidades Ocupacionales por cuanto han sido, tradicionalmente, los más importantes indicadores de ambición.

 

1. Ambición y Educación

            Partamos de la variable Opinión sobre la Universidad. Fue medida a través de diversos ítems y en su relación con variables tales como Estrato social, Calificación ocupacional, Niveles de éxito escolar; Edad, Nacionalidad. Se efectuaron además los cruces de estas variables entre sí lo que permitió hallar núcleos consistentes.

 

            No podemos detallar el comportamiento de las variables involucradas en cada uno de los cruces y para las dos generaciones. Sí conviene retener que:

- entre los padres, la mayoría opinó que sin cursar estudios universitarios, las oportunidades bajan;

- valoran más la Universidad los padres ubicados en las capas sociales más bajas, con menor nivel de instrucción y peor categorización ocupacional, entre quienes  pervive el mito de la Universidad como llave del progreso;

-          los porcentajes siguientes corresponden a los padres con estudios universitarios.

 

Esto es, en los extremos de la escala socio-ocupacional se observó la mayor valoración de esta institución. A la luz de lo teorizado particularmente en Latinoamérica, pareciera confirmarse que los primeros ven todavía en la educación el camino más expedito para acceder a aquello de que están privados. Para los segundos quizá valga una interpretación generalizada en la literatura, aunque desde ópticas ideológicas bien diferentes. Se trata de que pese a observarse una depreciación de los diplomas -fruto inesperado de la Universidad de masas- el título sigue siendo un “protector” social pues el diplomado, al fin, se ubica más pronto y mejor.

 

            Comparando ahora estos datos con los obtenidos para la generación joven, se advierte que:

- si bien la mayoría valora positivamente los estudios universitarios, son los menos aventajados los que menos importancia relativa acuerdan a la Universidad como factor que favorece la ubicación en el mercado laboral. Cabe señalar que lo mismo apareció en una investigación finalizada recientemente. Esto es, la educación sigue valorándose pero cada vez menos como elemento propicio a la inserción en el mercado y todavía menos entre los estratos más bajos. Aspiran todos a ella pero no todos esperan lo mismo y, a estar con lo observado, cada vez se espera menos... El freno estructural va emergiendo con todo su peso en un contexto de estancamiento y rigidización, freno que tiene evidentes consonancias psicosociales: mayor pesimismo de perspectiva, fatalismo, milenarismo, frustración, anomia. 

- Esto no sólo se da entre las capas desfavorecidas: los hijos de profesionales también conceden a la Universidad menos importancia que sus padres.

- Resultó notorio, asimismo, que tanto padres como hijos ven como mejor opción (al momento de terminar el nivel medio) la Universidad al trabajo pero, otra vez,  los estratos más bajos son los que eligen seguir estudiando con porcentajes altísimos (superiores al 90%).

- También son ellos quienes, entre distintas alternativas, eligieron primariamente “una profesión” para sus hijos mientras que los padres de estrato medio hacia arriba se inclinaban por trabajos acordes a la vocación y que hagan posible la autorrealización.

- Entre tres caminos posibles -la educación, los negocios y la política- el 81% de los padres señaló la educación como el de mayor relieve con miras al éxito y, particularmente, los pertenecientes a estratos bajos. En la generación joven, los hijos de obreros fueron, otra vez los que más peso otorgaron a la educación mientras que entre aquellos cuyos padres son profesionales la opción también tocó a los negocios.

- Cruzada la variable e indicadores con Estrato se observó el mismo orden de preferencias: en todas las capas se da primacía a la educación  (80%), luego a los negocios y, por último, a la política. Esta última cobra mayor relieve -tal como era dable esperar desde la teoría de las tensiones estructurales- entre los sujetos menos aventajados socialmente. Basta recordar aquí que la política, junto con la educación, han sido consideradas los canales tradicionales de ascenso. 

- Es de destacar también que siempre que jugó la variable “Ocupación de los padres”, éstos concedieron más importancia a la educación que sus hijos en cuanto canal de ascenso laboral. Creemos ver en el hecho el peso del freno estructural en contextos no desarrollados. La educación es cada vez más necesaria en un “mundo de universitarios” o en un mundo en el que la Universidad es ya norma pero, paradójicamente, no  basta para asegurar un lugar en el mundo del trabajo. La resonancia psicosocial del hecho no necesita remarcarse.

 

            Resumiendo: en general se advierte:

 

1) Una mayor valoración de la educación y especialmente de la superior por parte de los sujetos de los estratos más bajos  que -a estar con los datos- son los de más bajo nivel educativo y peor ubicación (relativa) en el mercado de empleo.

            Todo esto -contra lo sostenido en buena parte de la literatura- estaría poniendo de relieve la existencia de mayores ambiciones de logro por parte de estos sectores. Es más, si pensamos en la distancia mayor a las metas, hasta cabría hablar de “hiper-ambición”. Los  datos nos parecen importantes en una doble línea: por sus consonancias no sólo psicológicas sino socio-políticas y porque reflejar el peligro que se esconde detrás de las extrapolaciones acríticas y ajenas a una especial realidad.

 

2) Otro resultado a rescatar, paradójico aunque congruente a la luz de la faz estructural, es la “convivencia” de un más alto nivel de aspiraciones con un más alto fatalismo entre las capas sociales más bajas. El pattern es grave si pensamos que la confluencia de un pronunciado deseo de llegar a las metas que nos “muestran” desde países más desarrollados con muy pocos medios legítimos cristaliza en anomia. Y ésta, ha estar con el resultado de investigaciones efectuadas por nosotros en diecisiete años, va aumentando en nuestro país. Ha dejado ya de ser un problema individual para constituirse en un problema colectivo que va carcomiendo las raíces nacionales y personales.

 

            Quizás este más acentuado fatalismo y pesimismo de perspectiva haya inducido a  algunos tratadistas  a pensar que entre esas capas había también menores aspiraciones o, quizás, la situación fuera distinta en aquellos tiempos y contextos y avalara el síndrome. No sería raro, por lo demás, que el cuadro ofreciera matices diferentes en nuestro marco por la misma atipicidad que toca a  la Argentina en lo social y cultural. Pensemos sólo en un hecho: fue un país donde “hacerse la América” fue  posible por mucho tiempo, un país caracterizado por la presencia de una fuerte y aspirante clase media. Hoy la clase media pasa a engrosar las filas de la media baja diluyéndose no sólo en cantidad sino, básicamente, los perfiles que la definieron permitiendo el rápido crecimiento del país. Las investigaciones reflejan, pues, que las aspiraciones se van neutralizando inducidas o realimentadas por factores estructurales poco propicios al ascenso y la movilidad.

 

            El perfil hallado, entonces,

a) por un lado desdice lo sostenido desde hace tiempo respecto del sentir de la gente más desfavorecida, lo que invita desde un ángulo epistemológico a recrear la teoría desde nuestros referentes empíricos,

 

b) por otro, desde un ángulo psicológico  y político social se nos ofrece, si se quiere, como de mayor gravedad pues bajar las aspiraciones por un mecanismo de racionalización “adecuándose” a lo ofertado por el contexto  a la vista de menores oportunidades, evidentemente, puede conducir a paliar el conflicto. En cambio, éste último se acentúa cuando las aspiraciones son altas y las posibilidades pocas. La angustia, la frustración o la resignación que lleva al repliegue sobre sí mismo antes que a la búsqueda de nuevos caminos emergen, entonces, como una de las tantas respuestas posibles.

 

            Frente a esta respuesta intropunitiva hay otra: la extropunitiva. La impotencia deriva aquí en expresiones tales como rebeldía, inconformismo, violencia revolucionaria, etc.

 

Y aquí, hasta los mismos que pretenden desconocer a lo psicológico y humano mismo en las raíces del accionar o hacer humano, deben rendirse a la vista de los hechos que flagelan nuestros países cada vez más seguido.

           

La movilidad o estancamiento no pueden verse ni entenderse sólo desde su faceta  económica. Hay otra dimensión que subyace a aquella -con frecuencia olvidada o tapada por la estridencia de algunos hechos- y es la de las raíces y consecuencias psicosociales del fenómeno, sólo comprensible desde una perspectiva holística o desde un sistema que recupere al individuo, a la estructura y a ambos en su interjuego autosostenido.

 

 

2. Ambición y oportunidades ocupacionales

 

            Veamos sucintamente algunos de los resultados. La variable Aspiraciones ocupacionales fue medida por distintos ítems, entre ellos: ¿El trabajo manual es tan buen trabajo como otros? ¿Qué le gustaría que su hijo fuera cuando llegue a grande? Bajo las actuales circunstancias, si Ud. tuviera un hijo que está terminando la secundaria preferiría que trabaje o que prosiga estudios universitarios? ¿Le gustaría cambiar de trabajo? ¿Qué otras actividades le gustaría hacer además de las que efectúa? ¿Qué trabajo elegiría si pudiera hacerlo: a) el que le dé posibilidades de autoexpresarse, b) el que le brinde seguridad, c) el que responda a sus gustos, d) el que le garantice regularidad en el empleo, e) el que le proporcione mayores ingresos?

 

Lo relevante es que en los múltiples cruces, se reiteró la tendencia señalada: el N-ach disminuye a medida que ascendemos por la escala social,  ocupacional y educacional.

 

No obstante esas altas aspiraciones conviven con un sentido de realidad que les lleva a achicar las metas a la vista de la situación estructural. Además, entre los sujetos de las  capas más bajas que llegan a la Universidad hay una fuerte consciencia de que han llegado a la meta del camino llamado “educación” pero también de que será difícil hacerse un lugar en el mundo laboral en relación con los universitarios ubicados más alto socialmente. Esto último surgió explícitamente, no ya a nivel de consciencia sino de hechos, esto es, observando la ubicación en el mercado de graduados universitarios provenientes de diferentes estratos.

           

Dicho en forma breve: debido a los efectos de tope o “plafond”, aún habiendo terminado estudios superiores, las posibilidades de acceso al mercado y, particularmente, de movilidad son más limitadas para los sectores menos favorecidos. La gratificación diferida es, pues, menor y la recompensa se diluye para estos sectores. Todo esto constituye un cuadro cierto y preocupante que, a riesgo de simplificar, podría describirse así: aspiraciones altas unidas a alto pesimismo de perspectiva, N-ach unido a fatalismo, anomia colectiva, baja recompensa a la vista del costo del estudio, desaliento y rebeldía, conformismo “psiquiátrico” y expresiones ideológicas. Todo ello, no obstante, no basta para que estos sujetos surgidos de estratos carenciados opten por dejar la Universidad, por alejarla de sus metas. El resultado está a la vista: la Universidad sigue creciendo en número, los diplomados aumentan pero las salidas laborales son, cada vez, menos promisorias. Y lo que es peor todavía: la problemática no termina en lo estructural sino que tiene resonancias psicológicas. A las altas aspiraciones se viene a sumar una alta frustración, tanto mayor cuanto más expectativas se alentaron.

           

Otra vez se ve claro el efecto perverso de algunos componentes psicosociales positivos. Dicho de otro modo, el despertar de las aspiraciones y deseo masivo de educarse  generó efectos no buscados ni  previstos por los actores individuales tales como la devaluación de los diplomas en el mercado, concomitante de un fracaso en el ámbito socio-profesional cada vez más acusado.

           

En orden a nuestro objetivo -rever la teoría de la subcultura de clases en relación con movilidad- pareciera conveniente retener que al lado de los motivos y actitudes aparecen otras dimensiones a tener en cuenta que ayudan a  redimensionar la problemática misma de los valores.

           

Intentando resumir:

           

Ateniéndonos a lo señalado y en orden a comparar diferentes niveles de aspiración entre distintos grupos, el rango podría establecerse a partir de: a) La posición en relación a la meta, b) la dimensión de la meta en cuanto prometedora de una gratificación cierta y c) de la acordada a estas dimensiones y metas asociadas.

 

            Así puede entenderse, por ejemplo, que persigan el valor seguridad en mayor grado que la autorrealización pero que ello no se deba a falta de ambiciones sino a una priorización diferente de lo que se erige en meta exitosa. Así también puede entenderse que, habiéndose constituido la educación en un valor “universal” al que ya cada vez más sujetos aspiran, no nos parezca legítimo considerar sólo o principalmente el deseo de cursar la Universidad en cuanto indicador de ambición, tal como en otros tiempos hicieran los tratadistas.

 

            Los resultados, en definitiva, nos invitan a pensar en la importancia de volver la mirada a la realidad misma para interrogarla sin “lentes” previos, sin apriori, con espíritu investigativo. Latinoamérica puede mirarse desde sus propios referentes y sólo así, aceptando la realidad tal como hoy se presenta en sus diversos ángulos podrá implementar estrategias que le permitan mirar al futuro. Continuar repitiendo o pensando en función de lo producido hace décadas y en marcos ajenos a nuestra idiosincrasia sólo puede ayudarnos a crecer en estancamiento antes que a esperar una movilidad creciente.

 

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