Publicado el 26-04-2006 / Edición Nº 4 / Año III

 














HACIA UN HIPERTEXTO IDEAL PARA LOS SITIOS DE NOTICIAS
por Rost Alejandro
Universidad Nacional del Comahue
Rost Alejandro (26-04-2006). HACIA UN HIPERTEXTO IDEAL PARA LOS SITIOS DE NOTICIAS.
HOLOGRAMATICA - Facultad de Ciencias Sociales UNLZ
Año III, Número 4, V1
ISSN 1668-5024
URL del Documento : https://cienciared.com.ar/ra/doc.php?n=721
URL de la Revista : https://cienciared.com.ar/ra/revista.php?wid=3

RESUMEN:
<H2 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 150%"><SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 150%; FONT-FAMILY: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-size: 10.0pt">El hipertexto es una de las características distintivas que tiene el periodismo digital en la construcción de la actualidad. A través de su diseño hipertextual, el periódico digital puede asociar contenidos, establecer jerarquías entre las noticias, proponer caminos de lectura, promover la participación del lector, abrir el periódico a nuevas fuentes y personajes, contextualizar, relacionar y ampliar informaciones. El hipertexto es un telar para tejer posibilidades interactivas en la WWW, tanto en la selección de contenidos como en la comunicación entre individuos. <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p></SPAN></H2> <H2 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 150%"><SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 150%; FONT-FAMILY: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-size: 10.0pt">Sin embargo, pocas veces se lo utiliza como herramienta expresiva. Por el contrario, muchos sitios de noticias en la red sólo ven al hipertexto como el elemento inevitable que les permite la estructuración de contenidos en un volcado del diario impreso a su versión digital. De esta forma, el lector queda entrampado a menudo en diseños rigurosamente jerárquicos (que a menudo ni siquiera son fieles a la jerarquización propuesta para las noticias del diario papel), sin conexiones externas que permitan aprovechar las posibilidades intertextuales de la red, y con recorridos que le restan posibilidades de intervención en el discurso público del medio. Un medio que se ofrece, tecnológicamente hablando, como más participativo y democrático para el debate público de ideas.<o:p></o:p></SPAN></H2> <H2 style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 35.4pt; LINE-HEIGHT: 150%"><SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-WEIGHT: normal; FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 150%; FONT-FAMILY: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-size: 10.0pt">En este trabajo analizaremos el concepto del hipertexto desde el punto de vista del periodismo. Ensayaremos una definición y estudiaremos sus cinco propiedades básicas: multilinealidad, intertextualidad, navegación y recuperación de la información, interactividad y mayor poder al lector.<o:p></o:p></SPAN></H2>
PALABRAS CLAVE: concepto de hipertexto, periodismo digital, propiedades del hipertexto
ABSTRACT:

Hypertext is one of the distinctive characteristic that digital journalism has in its construction of reality. Through its hypertextual design, a digital journal can associate contents, establish hierarchies between news , propose paths for reading, promove reader's participation, open the newspaper to new sources and characters, making context, relating and widing information. Hypertext is a loom to knit the interactive possibilities in the WWW, in the contents selection as in the communication between individuals.
However, it is not much used as a experssive tool. On the contrary, many news sites in the net only use hypertext as an inevitable element for the contents structure. In this way, the reader is traped in stright hierarchical designs (that often are not even faithful to the hierarchy proposed in the paper journal) without external connections that allow the intertextual possibilities in the net, and with paths that reduce the possibilities of intervention in the public discourse of the journal. A media offered, technologically speaking, as more participative and democratic for the public debate of ideas.
In this paper we analyse the concept of hypertext from the point of view of journalism. We will reherarse a definition and study its five basic properties: multilineality, intertextuality, navigability and information backup, interactivity and more power to the reader.

KEYWORDS: hypertext concept, digital journalism, hypertext properties

EL HIPERTEXTO Y SU HISTORIA

Alrededor del hipertexto sobrevuela una doble acepci√≥n. Desde un punto de vista t√©cnico ‚Äďy sin adentrarnos en las implicaciones del concepto- es una tecnolog√≠a inform√°tica, una herramienta que permite enlazar distintos bloques de textos (nodos) a trav√©s de v√≠nculos electr√≥nicos (enlaces). Y al mismo tiempo, es el tipo de texto resultante de estas vinculaciones, es decir una forma de organizar el discurso que se constituye a trav√©s de nodos y enlaces.

El concepto de hipertexto tiene una larga historia ya contada en extenso en muchos trabajos (v√©ase por ejemplo, Caridad y Moscoso, 1991; Nielsen, 1995). S√≥lo diremos aqu√≠ que hay cuatro hitos en la historia del hipertexto. Su primer antecedente conceptual se remonta a 1945, un a√Īo antes de que se creara la primera computadora. Un ingeniero llamado Vannevar Bush, que era consejero cient√≠fico del presidente Franklin Delano Roosevelt, imagin√≥ ya entonces un sistema de almacenamiento y recuperaci√≥n de la informaci√≥n que hoy recuerda al hipertexto[1].

El segundo hito lo protagoniz√≥ Douglas Engelbart, otro ingeniero que fue fundamental en ese proceso de transformaci√≥n de la computadora desde una m√°quina de calcular de uso cient√≠fico y militar a una herramienta de comunicaci√≥n de uso dom√©stico: fue el que cre√≥ el rat√≥n, el sistema de ventanas y los √≠conos gr√°ficos. Engelbart en 1962 rescat√≥ las ideas de Bush en un extenso trabajo que llam√≥ The augmentation of man¬īs intellect: a conceptual framework[2]. Y seis a√Īos despu√©s present√≥ un sistema de hipermedia denominado NLS (oNLine System).

Pero si Engelbart cre√≥ el primer hipertexto real, el que le puso nombre a esa herramienta fue un fil√≥sofo y profesor de literatura llamado Theodor Nelson. Defini√≥ al hipertexto como ‚Äúuna escritura no secuencial‚ÄĚ (Nelson, 1993: 0/2). Y le dio una aplicaci√≥n literaria en un sistema que llam√≥ Xanad√ļ[3].

Finalmente, el desarrollo del hipertexto tuvo un impulso importante primero con la popularización de las primeras computadoras personales que empezaron a adquirir verdadera significación social a partir de 1981 (IBM) y 1984 (Macintosh). Y sobre todo luego en 1989 con la creación de la World Wide Web, por parte del británico Tim Berners-Lee y su colaborador francés Robert Caillau, quienes se basaron en aquellas conexiones hipertextuales de Nelson para idear el lenguaje HTML (Hypertext Markup Language).

 

EL HIPERTEXTO Y SUS MITOS

Mientras se define al concepto técnicamente, no suele haber discusiones. Los problemas en cambio se evidencian cuando se profundiza en qué implicaciones tiene el hipertexto para la escritura y lectura de los textos, qué poder real le confiere al lector, y cuáles son las diferencias que plantea con el papel.

Como ya hemos se√Īalado en otros trabajos (Rost, 2001 y 2002), desde que Nelson acu√Ī√≥ el t√©rmino y lo defini√≥ como escritura no secuencial o no lineal ha prevalecido una postura m√°s bien m√≠tica sobre el hipertexto. Te√≥ricos ya cl√°sicos como Jay David Bolter (1990) o George Landow (1995 y 1997) han sido los principales constructores de una visi√≥n del hipertexto que le atribuye tantas propiedades a esta nueva herramienta como efectos negativos a la escritura impresa.

Se basan en los siguientes supuestos:

-          El hipertexto es una textualidad estructurada en red, abierta y sin un centro.

-          Esta textualidad laberíntica no tiene principio ni fin, ni un arriba ni un abajo, ni un orden canónico como sí tiene en cambio la escritura en papel.

-          El hipertexto viene a liberarnos de las jerarquías impuestas durante siglos por la palabra impresa, democratizando en un mismo acto la escritura y la lectura.

-          El hipertexto permite, por fin, cumplir los ideales de textualidad de los posestructuralistas (Jacques Derridas, Roland Barthes, Michel Foucault y Mikhail Bakhtin), al sustituir las nociones de centro, margen, jerarquía y linealidad por otras como multilinealidad, nodos, nexos y redes.

-          Ahora sí, el lector del hipertexto se vuelve también autor debido a que, al elegir de entre una multiplicidad de caminos de lectura, participa activamente en la deconstrucción del discurso, cuestionando así las voces tiránicas que gobiernan el papel.

-¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† El hipertexto permite seguir los caminos de la mente, que tambi√©n opera por asociaciones. Una mente que, hasta ahora, estaba constre√Īida por el orden secuencial de lectura que impone el papel.

A esta postura cabe hacerle (al menos) cuatro observaciones:

En primer lugar, Bolter y Landow muestran a un lector totalmente subordinado a la tecnología. Paradójicamente, estos autores que pretenden destacar el papel del lector, lo terminan anulando en sus propiedades hermenéuticas. En la medida que describen al lector del libro impreso como un individuo a total merced de una organización jerárquica, cerrada y lineal, y lo oponen al revolucionado lector activo de hipertextos, Bolter y Landow terminan depositando un poder tan extraordinario en la tecnología que pierden de vista al receptor. Poco tienen que ver estas ideas con la multiplicidad de significados que ven los citados posestructuralistas en la obra literaria impresa, tanto por la propia naturaleza simbólica del lenguaje como por el contexto cultural en el cual se actualiza a través del acto de la lectura[4]. No se trata de menospreciar las propiedades intertextuales e interactivas que tiene el hipertexto, como además pretenden desde la trinchera opuesta los tecnofóbicos, pero tampoco dotar a esta herramienta de unos superpoderes que terminan ocultando el papel del individuo y la sociedad en su relación dialéctica con la tecnología.

En segundo lugar, muchos textos impresos tampoco siguen un orden secuencial expositivo. De hecho, la historia del texto es la historia de un progresivo desprendimiento de su propia linealidad, como demuestra Christian Vandendorpe (2002). Este profesor canadiense explica c√≥mo el texto ha recorrido a lo largo de siglos un camino lento pero sostenido hacia una mayor ‚Äútabularidad‚ÄĚ[5].

El paso del papiro al c√≥dice, la separaci√≥n entre palabras y p√°rrafos, la estabilizaci√≥n de los signos de puntuaci√≥n, la introducci√≥n de √≠ndices y sumarios, la paginaci√≥n, y las notas a pie de p√°gina son s√≥lo algunos ejemplos de c√≥mo el texto se vuelve m√°s tabular y accede al ‚Äúorden de lo visual‚ÄĚ. Los diccionarios y enciclopedias tambi√©n demuestran que el lenguaje impreso no siempre obedece a un orden lineal. En la literatura contempor√°nea, no escasean tampoco los ejemplos de escritores que buscaron romper de una u otra forma la linealidad[6].

Pero un caso todav√≠a m√°s claro de multilinealidad son los diarios impresos actuales, que son dise√Īados como si se tratara de coloridos mosaicos que ofrecen al mismo tiempo m√ļltiples niveles de lectura para que el lector pueda marcar su propio ritmo, as√≠ como establecer el orden de acceso al contenido de cada noticia.

Veamos el concepto de dise√Īo de periodismo impreso que dio Ricardo Bermejo en el congreso mundial de la SND (Society of Newspaper Design) en Barcelona en 1995: ‚Äúentendemos el dise√Īo y la presentaci√≥n de la informaci√≥n como si hici√©ramos un viaje en helic√≥ptero. No queremos un viaje en avi√≥n de un lado a otro sin ver nada, queremos un viaje en helic√≥ptero donde podamos descender por valles, ascender a muchos metros de altitud. Al lector se le debe permitir hacer ese juego con el peri√≥dico. Poder descender o tener la posibilidad de pasar r√°pido las p√°ginas‚ÄĚ (citado en Armentia, Elexgaray y P√©rez, 1999: 45 y 46). Las similitudes de esta imagen del proceso de lectura en el medio impreso con el recorrido que hace el lector interactivo en el hipertexto son m√°s que notorias.

El hipertexto, y el periódico digital, vienen entonces a confirmar y ampliar una tendencia en la multilinealidad del discurso que ya se estaba haciendo presente en diarios y revistas impresos.

En tercer lugar, un orden secuencial de escritura no implica necesariamente un orden secuencial de lectura. Una cosa es c√≥mo se exponen los contenidos y otra diferente es c√≥mo los aborda el receptor. Uno condiciona al otro pero no lo reduce. Son dos momentos diferentes que no se pueden unificar. Un libro puede tener un orden expositivo lineal pero puede ser abordado por el lector de las formas m√°s ins√≥litas[7]. Y si no podemos decir que un orden secuencial de escritura determina sin m√°s el orden de lectura, menos prudente todav√≠a resulta avanzar un paso m√°s y afirmar que esa linealidad en la exposici√≥n va a constre√Īir el pensamiento asociativo, s√≥lo liberado gracias a la multiplicidad de enlaces que permite el hipertexto[8].

Por √ļltimo, no todos los hipertextos son iguales y organizados en forma de red descentralizada. Por el contrario, y si tomamos como referencia lo que sucede en el m√°ximo exponente del hipertexto como es la WWW, una gran cantidad de sitios estructuran sus contenidos en forma absolutamente jerarquizada y se encierran en forma autista para que el lector no los abandone. Otros aprovechan adem√°s la jerarquizaci√≥n de contenidos para que el lector no se pierda y reciba claramente un determinado mensaje. Puede se√Īalarse entonces que hay diferentes maneras de estructurar los contenidos simb√≥licos a trav√©s de un dispositivo hipertextual, y esto repercute en las posibilidades de lectura que tiene el usuario. No hay entonces un hipertexto, sino muchos hipertextos.

En el caso puntual de los peri√≥dicos digitales, hemos podido comprobar en otro trabajo de investigaci√≥n que est√°n lejos de conformar estructuras organizadas en red, abiertas, descentralizadas, en las que existen infinitos caminos de lectura (Rost, 2001). Por el contrario, si bien las estructuras hipertextuales en los casos analizados difieren en ciertos aspectos, tienen una caracter√≠stica com√ļn: una fuerte jerarquizaci√≥n de sus contenidos. No hay una red de asociaciones libres y dejadas al azar en el peri√≥dico digital[9]. Pero es que tampoco podr√≠a haberlas en un sitio web que pretende dar, por lo menos en la mayor parte de sus contenidos, una informaci√≥n clara y precisa. Y el lector quiere adem√°s tener un acceso a la informaci√≥n que sea r√°pido y sin ambig√ľedades. Lejos de conformar una red descentralizada, los enlaces establecen entonces capas o niveles de importancia para que el lector pueda recibir y encontrar claramente la informaci√≥n, sin ruidos que perturben la decodificaci√≥n de los contenidos. La estructura verticalizada otorga un orden que es f√°cil de comprender por el lector, evitando as√≠ los riesgos de, en t√©rminos de Lluis Codina (2000),¬† desbordamiento cognitivo que puede presentar la Red.

Sin embargo, una estructura jer√°rquica sin enlaces horizontales no permite tampoco aprovechar las posibilidades de asociaciones que da el hipertexto y restringe toda participaci√≥n del lector interactivo en la construcci√≥n del discurso. Un Peri√≥dico Digital Interactivo debe ordenar el discurso en capas pero tambi√©n dar alternativas de navegaci√≥n y exploraci√≥n al lector para aprovechar estas ventajas que proporciona el hipertexto. Adem√°s de ofrecer enlaces externos que abran el discurso del medio a otras voces, y hemerotecas y motores de b√ļsqueda que permitan un acceso alternativo a la informaci√≥n.

Si pensamos ya no en la estructura general sino a nivel de cada noticia, un PDI debe aprovechar la riqueza expresiva del hipertexto y reorganizar la noticia quebrando el ‚Äúmodelo binodal b√°sico‚ÄĚ que utilizan hoy la mayor√≠a de los sitios de noticias (Salaverr√≠a, 2005)[10]. Implica trabajar en modelos alternativos de estructuraci√≥n de la noticia, en lo que Martin Engebretsen (2000: 209) denomina hipernoticia (hypernews), es decir ‚Äúla noticia escrita, estructurada y distribuida como hipertextos‚ÄĚ[11].

Por eso, hablamos de un hipertexto ideal para el periódico digital.

 

UN HIPERTEXTO IDEAL

Despu√©s de haber intentado desmitificar las posturas ‚Äúrom√°nticas‚ÄĚ ‚Äďcomo las llama Charney (1994)- sobre el hipertexto, podemos proponer una definici√≥n del hipertexto que contemple sus caracter√≠sticas b√°sicas pero tambi√©n rescatando cu√°les son sus potencialidades discursivas, es decir su¬† ‚Äúforma ideal‚ÄĚ.

 

El hipertexto es una construcción discursiva basada en la interconexión de bloques de textos digitalizados. Y al mismo tiempo, es la herramienta informática que permite realizar esta particular forma discursiva.

En su forma ideal el hipertexto se presenta como una textualidad multilineal y multimedia que permite:

-          amplificar la intertextualidad,

-          ofrecer nuevas formas de acceso a los contenidos,

-          favorecer la interactividad y, por tanto,

-          dar un mayor poder al lector interactivo en la construcción de la actualidad.

 

-          Es una construcción discursiva porque es una forma de exponer el discurso, una manera de escribirlo.

-          Al mismo tiempo es la tecnología informática que permite concretar los enlaces que dan lugar a esta particular forma discursiva. En ocasiones, hablamos de hipertexto como forma de textualidad y en otras como herramienta informática.

-¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Esta forma de construir el discurso se asienta en la conexi√≥n de bloques de textos que est√°n almacenados digitalmente, es decir a trav√©s de una estructura de nodos (o lexias) y enlaces. Si bien Nelson (1993) extendi√≥ su definici√≥n de hipertexto a cualquier tipo de escritura no-secuencial ‚Äďincluso diarios y revistas impresos-, el concepto tiene su aplicaci√≥n espec√≠fica en los medios digitales y hoy se reserva para este entorno.

-¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Decimos tambi√©n que en su forma ideal se presenta como una textualidad multilineal ‚Äďy no ‚Äúno-lineal‚ÄĚ, como dice Nelson- porque se ofrecen m√ļltiples caminos de lectura entre los cuales el lector recorrer√°, en forma inevitablemente lineal y secuencial, uno de esos niveles posibles. Es decir, un hiperdocumento permite una serie de posibilidades de construcciones discursivas al receptor. Pero en el momento en que √©ste se interna en un camino de nodos y enlaces, establece ‚Äúsu‚ÄĚ lectura y determina tambi√©n una ‚Äúlinealidad‚ÄĚ espec√≠fica, provisoria y probablemente √ļnica. Una segunda o tercera lectura del mismo texto lo puede llevar a linealidades totalmente diferentes, seg√ļn los enlaces que seleccione[12].
La multilinealidad (o la no-linealidad) suele ser expuesta como la caracter√≠stica que define el concepto del hipertexto. Y no es err√≥nea esta atribuci√≥n: de hecho, en otros trabajos la hemos mencionado en una definici√≥n general (Rost, 2001 y 2002). Sin embargo, quiz√°s sea m√°s pertinente reservar esta propiedad s√≥lo al hipertexto ideal porque, si bien la multilinealidad es la expresi√≥n m√°s generalizada y genuina del hipertexto, tambi√©n existen ciertas estructuraciones hipertextuales secuenciales y lineales que no ofrecen opciones. Al mismo tiempo, la multilinealidad no es s√≥lo propiedad del hipertexto sino que ‚Äďcomo ya vimos- tambi√©n pueden verse ejemplos de √©sta en otras formas de exposici√≥n del discurso impresas y audiovisuales. S√≠ se puede afirmar en cambio que el hipertexto es un campo muy f√©rtil y propicio para la expresi√≥n multilineal
[13].

-¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Mencionamos tambi√©n la multilinealidad como expresi√≥n ideal del hipertexto. Es decir la posibilidad de integrar distintas morfolog√≠as de la informaci√≥n. O, como lo exponen Mitra y Cohen (1999: 188), el texto en la Web ofrece la ‚Äúconvergencia de diferentes tipos de estrategias de representaci√≥n‚ÄĚ.

 

Profundizaremos ahora en las ventajas que ofrece un hipertexto ideal: intertextualidad, navegación y recuperación de la información, interactividad y mayor poder al lector.

 

EL HIPERTEXTO AMPLIFICA LA INTERTEXTUALIDAD

Una de las grandes ventajas que tiene el hipertexto es, obviamente, la instantánea vinculación de textos diversos. La manipulación que permite la digitalización de los contenidos, la ilimitada capacidad de espacio y tiempo, y el hipertexto como herramienta de enlace y de interactividad conforman la plataforma para una intertextualidad amplificada de nuevos discursos.

En realidad, debemos decir que la noci√≥n misma de textualidad resulta inseparable de la intertextualidad: en cada texto se entrecruzan siempre una multiplicidad de textos que lo referencian y lo proyectan. El propio texto period√≠stico es un discurso polif√≥nico que integra numerosas voces. Como explica Borrat, el discurso period√≠stico es ‚Äúen buena medida, discurso sobre discursos: sobre discursos ajenos ‚Äďde los actores, de las fuentes- rara vez √≠ntegramente transcriptos, normalmente citados de manera fragmentaria y/o glosados de manera sint√©tica, pero siempre incorporados al discurso propio que los interpreta y los eval√ļa‚ÄĚ (Borrat, 1989: 95).

Pero este natural entrecruce de textos tiene ‚Äďo mejor dicho puede tener- otras formas de expansi√≥n con el hipertexto. Ananda Mitra (1999), profesora de comunicaci√≥n en la Universidad de Illinois, considera que la intertextualidad es en gran parte ‚Äúla fuente de la singularidad‚ÄĚ que tiene el discurso en la Web. ‚ÄúEn el texto de la WWW, la intertextualidad no est√° impl√≠cita u oculta. Antes bien, se hace expl√≠cita e inequ√≠voca, y la efectividad del hipertexto frecuentemente depende de cu√°n extendida est√° la intertextualidad‚ÄĚ, apunta en otro trabajo en coautor√≠a (Mitra y Cohen, 1999: 184).

En el caso del peri√≥dico digital, los enlaces ofrecen la posibilidad de relacionar contenidos del propio medio pero tambi√©n de otros medios, de organismos p√ļblicos y privados, de entidades econ√≥micas o sin fines de lucro, de personalidades o de ciudadanos comunes. Todos ellos pueden residir en la misma regi√≥n f√≠sica del medio pero tambi√©n en lugares muy alejados de la sede del medio. Esta red de interrelaciones textuales a trav√©s del hipertexto permite la interacci√≥n de discursos mucho m√°s variados y dis√≠miles en el medio.

En todos los casos, el link puede remitir no s√≥lo a textos del propio medio que integran esos discursos sino que tambi√©n pueden ‚Äďy aqu√≠ est√° lo m√°s interesante- enlazar a los textos elaborados por las fuentes directas de la informaci√≥n. Estos enlaces, si bien todav√≠a en forma bastante t√≠mida, ya acompa√Īan a algunas noticias en medios como por ejemplo La Naci√≥n Line (www.lanacionline.com.ar) y, en menor medida, Clar√≠n.com (www.clarin.com.ar).

Esta intertextualidad que pone en relaci√≥n discursos diversos puede hacer mucho m√°s polif√≥nica la voz del medio. El peri√≥dico online tiene la posibilidad as√≠ de trascender sus propias fronteras en el aporte de informaci√≥n y se convierte en un poderoso nodo de m√ļltiples relaciones en un espacio de la red que el lector podr√° navegar como le plazca (Machado Gon√ßalves, 2000). Sin embargo, no siempre los medios est√°n dispuestos a ceder un enlace hacia otro sitio de la web: muchas veces porque no tienen una plantilla de periodistas online que pueda dedicarse a estas tareas de b√ļsquedas en Internet, otras veces por incompatibilidad con las l√≠neas editoriales del peri√≥dico y habitualmente tambi√©n por miedo a perder a los lectores. Pero, como se√Īala Thom Lieb (1999), antes que tratar de evitar que el lector se vaya de nuestro sitio, es mejor atraparlo para que vuelva.

Esta apertura a las fuentes directas se constituye, creemos, en una de las principales ventajas que ofrece el periódico digital.

Pero adem√°s de decidir el establecimiento de enlaces a otros sitios de la web, el peri√≥dico puede habilitar canales para que los lectores participen con su propia voz en el discurso del medio. A trav√©s de los foros, las entrevistas en l√≠nea, las cartas de lectores, los correos electr√≥nicos a periodistas, las encuestas y, en menor medida, los chat, el peri√≥dico digital puede explotar las posibilidades interactivas de comunicaci√≥n que ofrece el soporte. El lector se vuelve as√≠ un productor de contenidos que adquieren relevancia p√ļblica. No obstante, como hemos podido comprobar en trabajos anteriores, cuando los peri√≥dicos digitales habilitan estos espacios de expresi√≥n para el lector, suelen ser espacios que no tienen enlaces con los principales t√≠tulos y noticias del medio. Es decir, el discurso de la actualidad va por un carril, y el discurso del lector va por otro y pocas veces estos caminos se cruzan (Rost, 2001).

La intertextualidad se amplifica no s√≥lo con enlaces externos sino tambi√©n con los enlaces internos del propio medio: enlaces a notas relacionadas del d√≠a; a notas anteriores que permiten reconstruir los antecedentes de la noticia; a informes especiales e investigaciones que tienen relaci√≥n con la noticia y que permanecen disponibles entre los contenidos del medio (en secciones denominadas ‚Äútemas‚ÄĚ o ‚Äúespeciales‚ÄĚ); y tambi√©n a documentos completos (sentencias, resoluciones, proyectos) aprovechando que el medio no tiene l√≠mites de espacio ni de tiempo en la acumulaci√≥n de informaci√≥n. De esta forma, se puede construir una actualidad menos fragmentada y m√°s contextualizada y documentada.

De m√ļltiples formas entonces, el hipertexto ideal enfatiza la intertextualidad, la exterioriza y amplifica d√°ndole voz a nuevos discursos al mismo tiempo que establece nuevas relaciones y vinculaciones entre discursos m√°s o menos diferentes. El hipertexto relaciona y vincula textos, y en la medida que lo hace, potencia la intertextualidad.

 

NAVEGACI√ďN Y RECUPERACI√ďN DE LA INFORMACI√ďN

Un hipertexto ideal ofrece dos interesantes posibilidades de acceso a los contenidos: la navegación y la recuperación de la información. 

Navegar es explorar, andar un poco a tientas en la captaci√≥n de informaci√≥n que pueda resultar interesante. Es una forma de lectura que va m√°s all√° de la lectura secuencial y que sigue las relaciones asociativas entre los nodos: ya sea siguiendo alguna clase de ruta-preestablecida por el autor del hiperdocumento, siguiendo v√≠as aleatorias o estableciendo relaciones ad hoc sobre la marcha. Como se√Īala Lluis Codina (2000:34), profesor de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, la navegaci√≥n ‚Äúgenera la poderosa ilusi√≥n de un desplazamiento f√≠sico, como si fuese el propio lector el que se mueve de un punto a otro‚ÄĚ. Esta actividad no s√≥lo permite informarse, sino que ‚Äďevidentemente- tambi√©n entretiene al lector.

Recuperar, en cambio, es ir en busca de una informaci√≥n espec√≠fica que el lector est√° necesitando. El objetivo de un sistema de recuperaci√≥n de la informaci√≥n es proporcionar herramientas para que, ante un gran volumen de informaci√≥n, el usuario pueda separar la informaci√≥n relevante de la que no lo es. La operaci√≥n consiste en expresar una ‚Äúpregunta‚ÄĚ al sistema mediante palabras o frases, para que el sistema responda¬† (Codina, 2000). Los peri√≥dicos digitales ofrecen entonces motores de b√ļsqueda y hemerotecas digitales que permiten - no siempre en forma gratuita- rastrear y recuperar informaci√≥n en los archivos del mismo medio o en toda la World Wide Web. La ventaja del entorno digital es que cada palabra puede actuar como un punto de acceso a la informaci√≥n y que el lector puede descubrir combinaciones de palabras significativas en un art√≠culo o varios de un medio. El peri√≥dico digital espa√Īol El Pa√≠s.es (www.elpa√≠s.es) ofrece -tras el redise√Īo encarado en noviembre de 2002 que lo llev√≥ a convertirse en un medio de pago-¬† novedosas formas de recuperaci√≥n de la informaci√≥n: adem√°s de las cl√°sicas secciones heredadas del diario impreso, tambi√©n presenta √≠ndices onom√°sticos, geogr√°ficos y por categor√≠as que permiten ingresar a la noticia a trav√©s de un listado de los principales personajes, empresas, organismos y pa√≠ses que se citan en cada edici√≥n del diario.

Para comprender mejor la diferencia entre la navegaci√≥n y la recuperaci√≥n de la informaci√≥n, podemos compararlas con una visita de un cliente a un supermercado. El comprador puede ir a buscar un producto espec√≠fico que necesita en su casa, por lo que se dirige al lugar espec√≠fico donde sabe que puede encontrarlo. Pero al mismo tiempo que se dirige hacia ese sitio (los productos de primera necesidad est√°n habitualmente est√°n al fondo del local), ‚Äúnavega‚ÄĚ por entre las g√≥ndolas sin buscar nada en especial hasta que se detiene en algo que lo atrae, o porque lo necesita o porque se dio cuenta que le gustar√≠a tenerlo. El lector es, entre otras cosas, un consumidor ‚Äďen este caso del producto informativo- y su comportamiento tanto en la red como al exponerse a todos los medios tradicionales de comunicaci√≥n no parece diferir demasiado de cuando sale a hacer compras: explora al leer un libro, al leer un diario en papel, al hacer zapping en la televisi√≥n o al navegar en Internet.

La diferencia con la navegaci√≥n en los medios tradicionales es que la ilimitada cantidad de espacio y tiempo y las m√ļltiples conexiones que permite el hipertexto amplifican enormemente la capacidad exploratoria que tiene el lector. Al mismo tiempo, el nuevo medio le ofrece otras posibilidades de acceso y recuperaci√≥n de la informaci√≥n.

 

EL HIPERTEXTO Y LA INTERACTIVIDAD

La interactividad es una de las caracter√≠sticas m√°s mencionadas de los medios digitales. Es una palabra de moda. Hoy todos los medios se ufanan de ser ‚Äúinteractivos‚ÄĚ. Hay incluso medios tan poderosos como la BBC y la CNN que incorporaron el concepto como identificaci√≥n de marca para sus medios digitales: el sitio de noticias de la CNN se denomina CNN Interactive y la BBC Online pas√≥ a llamarse a fines del 2001 la BBCI (BBC Interactive). Pero ¬Ņqu√© es la interactividad? ¬ŅQu√© implica ser un medio interactivo?

Concebimos a la interactividad como esa capacidad gradual y variable que tienen los medios para darle a los usuarios/lectores un mayor poder tanto en la selección de contenidos (interactividad selectiva) como en las posibilidades de expresión y comunicación (interactividad comunicativa).

A trav√©s de la interactividad selectiva, el lector es principalmente un receptor a quien se le presentan distintas opciones para elegir. De esta forma, tiene cierto control de qu√© se difunde, c√≥mo se difunde y cu√°ndo. A trav√©s de la interactividad comunicativa, el lector es tambi√©n emisor. El lector se expresa e interact√ļa con otros individuos (en el caso del peri√≥dico digital, con la redacci√≥n, con periodistas espec√≠ficos, con otros lectores, con personajes de la actualidad) a trav√©s de foros, chats, correos electr√≥nicos, entrevistas en l√≠nea y cartas de lectores.

Con la interactividad selectiva entonces, el lector act√ļa en un proceso de recepci√≥n individual. Con la interactividad comunicativa, el lector produce contenidos que adquieren ‚Äďde una u otra forma- relevancia p√ļblica.

Pues bien, el hipertexto es uno de los cimientos de la interactividad. Es decir, el hipertexto conforma el tejido informático que permite al lector interactuar no sólo con los contenidos sino también con otros individuos. Como herramienta informática es la infraestructura sobre las que se basan las conexiones y la integración del lector en el proceso.

El hipertexto y la digitalizaci√≥n de los contenidos son los basamentos tecnol√≥gicos que permiten construir un amplio repertorio de alternativas para el lector interactivo del peri√≥dico digital. A trav√©s de su dise√Īo hipertextual, el peri√≥dico digital asocia contenidos, establece jerarqu√≠as entre las noticias, exhibe o relega informaciones, contextualiza o fragmenta contenidos, abre o cierra el peri√≥dico a nuevas fuentes y personajes, promueve u obstaculiza la participaci√≥n del lector e involucrarlo en la construcci√≥n de la actualidad. As√≠ como las autopistas conectan y establecen posibilidades de circulaci√≥n f√≠sica a los automovilistas favoreciendo a algunas poblaciones por sobre otras, el hipertexto dibuja posibles recorridos de lectura para el lector interactivo enlazando textos y priorizando determinados contenidos sobre otros. Con el hipertexto, el peri√≥dico tambi√©n comunica, juzga y editorializa. No es que determine sin m√°s qu√© va a leer el lector pero s√≠ que a trav√©s del hipertexto se proponen lecturas de la realidad social. El hipertexto es un telar para tejer posibilidades interactivas en la WWW, tanto en la selecci√≥n de contenidos como en la comunicaci√≥n entre individuos.

Sin embargo, pocas veces se lo utiliza como herramienta expresiva. Por el contrario, muchos sitios de noticias en la red s√≥lo ven al hipertexto como el elemento inevitable que para la estructuraci√≥n de contenidos en un volcado del diario impreso a su versi√≥n digital. De esta forma, el lector queda entrampado a menudo en dise√Īos rigurosamente jer√°rquicos (que a menudo ni siquiera son fieles a la jerarquizaci√≥n propuesta para las noticias del diario papel), sin conexiones externas que aprovechen las posibilidades intertextuales de la red, y con recorridos que le restan canales de intervenci√≥n en el discurso p√ļblico del medio. Un medio que se ofrece, tecnol√≥gicamente hablando, como m√°s participativo y democr√°tico para el debate p√ļblico de ideas, se presenta disminuido en sus posibilidades interactivas.

En síntesis, podemos decir no sólo que el hipertexto es una modalidad interactiva sino que también el hipertexto es uno de los basamentos tecnológicos de toda interactividad.

 

MAYOR PODER AL LECTOR

En la medida en que ampl√≠e la realidad interpretada, que d√© mayores posibilidades de acceso a los contenidos simb√≥licos, que integre todas las morfolog√≠as de la informaci√≥n y, sobre todo, que habilite la participaci√≥n interactiva dial√≥gica con otros individuos, el hipertexto conceder√° una mayor participaci√≥n al lector en la construcci√≥n de la actualidad. El hipertexto y la digitalizaci√≥n de los contenidos abren v√≠as de exploraci√≥n que van m√°s all√° de los contenidos usuales del peri√≥dico: desde el acceso a fuentes directas hasta nuevas formas de recuperaci√≥n de la informaci√≥n. Pero el hipertexto no ofrece estas posibilidades de facto por el s√≥lo hecho de existir, sino que el creador tiene que buscarlas al dise√Īarlo. No son un hecho, sino una posibilidad.¬†

Como ya dijimos, no todos los hipertextos tienen la misma estructura de navegación por los contenidos, ni todos los medios permiten la misma participación interactiva del lector, ni tampoco todos amplían la actualidad con nuevas fuentes de la información. La sola presencia de conexiones hipertextuales no garantiza un mayor poder al lector sino que éste depende siempre de las vías que habilite el medio para la inserción de los ciudadanos en sus contenidos simbólicos.

El hipertexto puede dar como resultado una estructura totalmente rígida y jerarquizada en la que el lector podrá acceder quizás fácilmente a los contenidos, pero no tendrá ninguna posibilidad de trazar nuevos caminos de lectura[14]. O, a la inversa, el hipertexto puede eliminar las jerarquías y ofrecer una estructura en red que favorezca la navegación y exploración de los contenidos pero, quizás de esa forma, ocasione problemas al lector de hallar lo que busca, provocando un desbordamiento cognitivo.

En estos dos casos, no podr√≠amos pensar que el lector tenga mayor poder. M√°s bien lo contrario. No obstante, podemos hablar de un hipertexto ideal que potencie las propiedades de esta herramienta, aumentando la participaci√≥n del lector en la construcci√≥n de la actualidad en el peri√≥dico digital. Un hipertexto ideal es el que combina adecuadamente las ventajas de la navegaci√≥n y las de la recuperaci√≥n de la informaci√≥n ampliando las posibilidades del lector de bucear ‚Äďya que no s√≥lo de navegar se trata- en los contenidos de la actualidad. Con buenos sistemas de navegaci√≥n que proporcionen no s√≥lo un f√°cil acceso a la informaci√≥n sino tambi√©n orientaciones de contexto, con √≠ndices, sumarios y potentes buscadores que posibiliten nuevos sistemas de recuperaci√≥n de la informaci√≥n, el lector interactivo encontrar√° otras v√≠as para internarse en la interpretaci√≥n de la actualidad period√≠stica.

El hipertexto, al establecer m√ļltiples enlaces entre los textos, abrir√° v√≠as tambi√©n para que el lector interact√ļe no s√≥lo con los contenidos sino tambi√©n con otros individuos, sean otros lectores, periodistas, personajes o fuentes. Al mismo tiempo integrar√° diferentes morfolog√≠as de la informaci√≥n (hipermedia), ampliando el rango expresivo para la difusi√≥n de la noticia, un espectro descriptivo que se espera a√ļn m√°s completo con la futura incorporaci√≥n de los im√°genes en 3D y la realidad virtual.

En todos estos aspectos no sólo participa el hipertexto como herramienta informática: nada de esto sería posible sin la enorme versatilidad en el manejo de las diferentes morfologías de la información que inauguró la digitalización de los contenidos.

 

CONCLUSI√ďN

El hipertexto no es entonces un remedio mágico contra una supuesta tiranía del papel. Pero puede ser una herramienta expresiva fundamental del periódico digital.

Con el hipertexto, el periódico puede asociar contenidos, jerarquizar noticias, promover la participación del lector, abrir el medio a otras fuentes y personajes, contextualizar contenidos.

Con un hipertexto ideal, el medio amplía el horizonte de la actualidad que describe, amplifica la intertextualidad, da otras posibilidades de acceso a los contenidos, y habilita la participación interactiva del lector. Por todo esto, puede dar un mayor poder al lector en la construcción de la actualidad.

 

 

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[1] Bush explic√≥ el funcionamiento del memex, como se llamaba su dispositivo ‚Äúhipertextual‚ÄĚ, en un art√≠culo publicado en la revista The Atlantic Monthly hace ya 58 a√Īos y que est√° disponible en Internet en: http://www.theatlantic.com/unbound/flashbks/computer/bushf.htm¬†

[2] El texto completo de este trabajo también está disponible en Internet. Véase: www.histech.rwth-aachen.de/www/quellen/engelbart/ahi62index.html

[3] Mientras para Nelson el hipertexto era una herramienta literaria para la creación individual, Engelbart la concebía en cambio como una poderosa herramienta para mejorar la comunicación y el trabajo colaborativo. Para una discusión del tema, véase Bardini (1997).

[4] La catalana N√ļria Vouillamoz (2000: 69) expone el cambio en su justa medida: ‚Äúlos avances inform√°ticos han venido a confirmar, a posibilitar o a demostrar la validez de una serie de ideas ya presentes desde hac√≠a a√Īos en la teor√≠a y la creaci√≥n literarias, de lo que se deriva que la revoluci√≥n tecnol√≥gica conlleva, en su aplicaci√≥n a la literatura, unos presupuestos que no son del todo nuevos‚ÄĚ.

[5] El autor opone tabularidad a linealidad. ‚ÄúUna obra es llamada tabular cuando permite el despliegue en el espacio y la manifestaci√≥n simult√°nea de diversos elementos susceptibles de ayudar al lector a identificar sus articulaciones y encontrar lo m√°s r√°pidamente posible las informaciones que le interesan‚ÄĚ (Vandendorpe, 2002: 55)

[6] Véase, Vouillamoz (2000).

[7] De hecho, como advierte Stephen Bernhardt (1993), los lectores de textos impresos también utilizan estrategias de navegación para encontrar lo que están buscando en cantidades extensas de información.

[8] Véase las críticas que hacen a esta postura Miall (1997) y, sobre todo, Charney (1994).

[9] McAdams y Berger (2001), profesores de periodismo de la Universidad de Florida, hablan de la paradoja del control: ‚Äú1) el escritor no abandona el control en el hipertexto, y 2) el lector siempre ha tenido un importante grado de control‚ÄĚ.

[10] Un ‚Äúmodelo binodal b√°sico‚ÄĚ consiste en la divisi√≥n de la noticia en dos nodos: un t√≠tulo-enlace, eventualmente acompa√Īado de una entradilla o teaser, y un segundo nodo donde se despliega el cuerpo del texto. ‚ÄúEs decir, la estructura m√°s simple de todas‚ÄĚ, plantea Salaverr√≠a (2005c).

[11] [‚Äú‚Ķnews written, structured and distributed as hypertexts‚ÄĚ].

[12] A pesar del extendido uso del concepto de no-linealidad, autores como Gunnar Liestol (1997), el brasile√Īo Marcos Palacios (1999) y hasta el propio George Landow (1995) prefieren hablar de multilinealidad. ‚ÄúTodo y cualquier discurso como almacenamiento (virtualidad) s√≥lo se actualiza en el proceso de lectura y, en ese proceso, sea una obra hipertextual o el m√°s tradicional de los textos impresos, el lector construye forzosamente linealidades discursivas‚ÄĚ, dice Palacios (1999).

[13] Vandendorpe (2003: 42) sostiene que en vista de las numerosas realizaciones que permiten el texto impreso y el hipertexto, ‚Äúno parece posible mantener una dicotom√≠a entre medios de tipo ‚Äėlineal‚Äô y medios ‚Äėno lineales‚Äô. Se√Īala tambi√©n que cada vez m√°s te√≥ricos rechazan hoy tal escisi√≥n.

[14] La visi√≥n acotada y restringida que ofrece la pantalla acent√ļa todav√≠a m√°s las jerarqu√≠as y condiciona el proceso de lectura debido a que el lector tiene menos datos del contexto en el que est√° inserta cada noticia.

 

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