Publicado el 11-12-2006 / Edición Nº 5 / Año III

 














LA IRRACIONALIDAD EN LA DIN√ĀMICA ECON√ďMICA Y DE LA POL√ćTICA
por Benbenaste, Narciso
U.N.L.Z.
Benbenaste, Narciso - Bershadsky Romina - Ibarra, Carolina (11-12-2006). LA IRRACIONALIDAD EN LA DINÁMICA ECONÓMICA Y DE LA POLÍTICA.
HOLOGRAMATICA - Facultad de Ciencias Sociales UNLZ
Año III, Número 5, V3, pp.63-73
ISSN 1668-5024
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RESUMEN:
<P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 36pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN style="mso-ansi-language: ES"><FONT size=3><FONT face="Times New Roman">El objetivo principal de este trabajo es presentar dos tipos de irracionalidades que, a nuestro juicio, son relevantes para las conductas económicas y políticas y que sin embargo no se hallan consideradas en la literatura especializada.<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p></FONT></FONT></SPAN></P> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 36pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN style="mso-ansi-language: ES"><FONT face="Times New Roman" size=3>Una de estas irracionalidades es vital para la dinámica de la racionalidad de la economía, es efecto de lo que nosotros hemos definido como valor mercantil (Democracia Mercantil 1999</FONT><A title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.cienciared.com.ar/ra/notas2.php#_ftn1" name=_ftnref1><SPAN class=MsoFootnoteReference><SPAN style="mso-special-character: footnote"><SPAN class=MsoFootnoteReference><SPAN style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">[1]</SPAN></SPAN></SPAN></SPAN></A><FONT size=3><FONT face="Times New Roman">) y marca a la política. <o:p></o:p></FONT></FONT></SPAN></P> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-INDENT: 36pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN style="mso-ansi-language: ES"><FONT face="Times New Roman" size=3>La otra irracionalidad a la que nos referiremos es lo que vale llamar ‚Äúaspectos regresivos‚ÄĚ de la población, tales como la necesidad de líderes idealizados y una representación de Estado paternalista. Esta última clase de irracionalidad se halla más presente en países de menor desarrollo relativo y la hemos registrado a través de muchos relevamientos empíricos</FONT><A title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.cienciared.com.ar/ra/notas2.php#_ftn2" name=_ftnref2><SPAN class=MsoFootnoteReference><SPAN style="mso-special-character: footnote"><SPAN class=MsoFootnoteReference><SPAN style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">[2]</SPAN></SPAN></SPAN></SPAN></A><FONT size=3><FONT face="Times New Roman">. <o:p></o:p></FONT></FONT></SPAN></P> <DIV style="mso-element: footnote-list"><BR clear=all><FONT face="Times New Roman" size=3> <HR align=left width="33%" SIZE=1> </FONT> <DIV id=ftn1 style="mso-element: footnote"> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 12pt"><A title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.cienciared.com.ar/ra/notas2.php#_ftnref1" name=_ftn1><SPAN class=MsoFootnoteReference><SPAN lang=EN-US style="FONT-SIZE: 10pt"><SPAN style="mso-special-character: footnote"><SPAN class=MsoFootnoteReference><SPAN lang=EN-US style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EN-US; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">[1]</SPAN></SPAN></SPAN></SPAN></SPAN></A><FONT face="Times New Roman"><SPAN lang=EN-US style="FONT-SIZE: 10pt; mso-ansi-language: ES"> </SPAN><SPAN lang=ES-AR style="FONT-SIZE: 10pt; mso-ansi-language: ES-AR">El valor mercantil es la interiorización del papel d mediación social principal alcanzado por el dinero en la sociedad contemporánea. <o:p></o:p></SPAN></FONT></P></DIV> <DIV id=ftn2 style="mso-element: footnote"> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 35.45pt; TEXT-INDENT: -35.45pt; TEXT-ALIGN: justify"><A title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.cienciared.com.ar/ra/notas2.php#_ftnref2" name=_ftn2><SPAN class=MsoFootnoteReference><SPAN lang=EN-US style="FONT-SIZE: 10pt"><SPAN style="mso-special-character: footnote"><SPAN class=MsoFootnoteReference><SPAN lang=EN-US style="FONT-SIZE: 10pt; FONT-FAMILY: 'Times New Roman'; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: EN-US; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA">[2]</SPAN></SPAN></SPAN></SPAN></SPAN></A><FONT face="Times New Roman"><SPAN lang=EN-US style="FONT-SIZE: 10pt; mso-ansi-language: ES"> </SPAN><SPAN lang=ES-TRAD style="FONT-SIZE: 10pt; mso-ansi-language: ES-TRAD">Benbenaste, N. &amp; Delfino, G. I. (2002). Alcance y límites de la madurez política de los ciudadanos argentinos. <I style="mso-bidi-font-style: normal">Anuario de Investigaciones</I>, 10: 103-112. <o:p></o:p></SPAN></FONT></P> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt 35.45pt; TEXT-INDENT: -35.45pt; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN lang=ES-AR style="FONT-SIZE: 10pt; mso-ansi-language: ES-AR"><FONT face="Times New Roman">Benbenaste, N. &amp; Delfino, G. I. (2004). Conocimiento y Actitudes sobre <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /><st1:PersonName w:st="on" ProductID="LA POLÍTICA">la Política</st1:PersonName> en Estudiantes Universitarios y Ciudadanos comunes. <I style="mso-bidi-font-style: normal">Investigaciones en Psicología</I>. Año 9, 1: 19-41. </FONT></SPAN><SPAN style="FONT-SIZE: 10pt; mso-ansi-language: ES"><o:p></o:p></SPAN></P></DIV></DIV>
PALABRAS CLAVE: racionalidad, econom√≠a, pol√≠tica
ABSTRACT:

The main objective of this work is to present two types of irrationalities that, to our judgment, are relevant to the economic and politic behavior, and however are not considered in the specialized literature.

One of this irrationalities is vital for the economy rationality dynamic, it is the effect of what we have defined as mercantile value (Democracia Mercantil, 1999) and marks the politic.

The other irrationality which we have referred to is what can be called ‚Äúregressive aspects‚ÄĚ of population, such as the necessity of idealized leaders and a paternalist representation of the State. In this last class of irrationality is more present in countries with lower relative development and we have registered it through many empiric survey.

KEYWORDS: irrationality, economy, politics

Desarrollo

 

En primer lugar se presenta el concepto de racionalidad económica tomando como referencia a J. Buchanan y G. Tullock[1]  y su aplicación como modelo para entender las decisiones políticas.

Luego se analiza el concepto de irracionalidad en el comportamiento económico tal como lo han estudiado Kahneman y Tversky[2] y cómo puede aplicarse para entender las decisiones políticas.

En un tercer punto mostramos que en la sociedad de mercado hay un aspecto irracional, distinto a las estudiadas por los autores que vienen ocupándose de ese tema y, que a diferencia de las analizadas, no menoscaba sino que, al contrario, es factor indispensable del desarrollo de la racionalidad económica contemporánea.

Por √ļltimo, hacemos notar otra clase de irracionalidad, encontrada en las investigaciones que venimos realizando. Nos referimos a algunos de los rasgos que denominamos regresivos en la poblaci√≥n y que s√≠ representan un perjuicio para la racionalidad tanto del sujeto de la econom√≠a como de la pol√≠tica.

 

1. El concepto de Racionalidad Económica

Para buena parte del pensamiento econ√≥mico, en el que se inscriben Buchanan y Tullock,¬† ‚Äúla acci√≥n racional requiere la aceptaci√≥n de alg√ļn fin y tambi√©n la capacidad para elegir las alternativas que conducir√°n hacia el logro del objetivo.‚ÄĚ (Tullock ‚Äď Buchanan, pp. 64).

Ese fin, cualquiera sea, tiene un sentido, la b√ļsqueda de un beneficio personal y, adem√°s se supone, el sujeto lo hace consistentemente:

‚Äú‚Ķse dice que el comportamiento del individuo es <> cuando el individuo elige <> en vez de <> y cuando es consecuente en sus elecciones.‚ÄĚ (Ib√≠d, 1993, p. 60)

Pero lo destacable, acorde a lo ya considerado por Adam Smith, es que ‚Äú‚Ķla <> fundamental de cualquier relaci√≥n de intercambio no es tanto qu√© parte obtuvo mayor ventaja en √©l, como que cualquier situaci√≥n de intercambio resulta para todo el colectivo involucrado en el mismo comparativamente m√°s favorable que la situaci√≥n en que tal intercambio no tiene lugar.‚ÄĚ (Ib√≠d., p. 17)

La teor√≠a de los juegos[3] constituy√≥ un impulso para utilizar la racionalidad econ√≥mica no s√≥lo como modelo de comportamiento en las elecciones y decisiones econ√≥micas sino p√ļblicas en general y en la pol√≠tica en particular.

 

1.1. La Racionalidad Económica en las decisiones políticas

Esta extensi√≥n del modelo presume un grado importante de similitud en el comportamiento en los intercambios de los bienes privados - tradicionalmente denominado √°mbito econ√≥mico- y el que tiene lugar con los bienes colectivos ‚Äďhabitualmente llamado √°mbito de lo p√ļblico-.

Este contexto ‚Äú‚Ķsupone que el individuo, en tanto y en cuanto participa en las decisiones colectivas, est√° guiado por el deseo de maximizar su propia utilidad y que los distintos individuos tienen distintas funciones de utilidad‚ÄĚ. (Ib√≠d., p.52). ‚ÄúLo cual, implica que el individuo percibe al proceso pol√≠tico como un juego de suma positiva, al igual que en el mercado‚ÄĚ. (Ib√≠d., p.50).

Los sujetos, sostienen estos autores, act√ļan de modo similar tanto en el √°mbito de los intercambios de bienes privados, como en los intercambios de los bienes colectivos, esto es movidos por la misma motivaci√≥n y siendo capaces de ordenar ‚Äúlos distintos paquetes de los <> o colectivos del mismo modo que ordenan los bienes privados.‚ÄĚ (P.61)

 

Si bien Tullock y Buchanan suponen la similitud entre el sujeto del mercado y el sujeto de la democracia, tambi√©n destacan la diferencia. La elecci√≥n en el √°mbito pol√≠tico, mencionan, representa para el sujeto un mayor grado de incertidumbre que las realizadas en el √°mbito de los intercambios de bienes privados-. Dicen: ‚Äú‚Ķque los individuos sean en cierto modo menos racionales en las elecciones colectivas que en las privadas, radica en la diferencia del grado de responsabilidad en las decisiones finales. (‚Ķ) El elector-votante reconocer√°, desde luego, la existencia tanto del beneficio como del coste de cualquier acci√≥n p√ļblica propuesta, pero ni su propia participaci√≥n en los costes ni en los beneficios puede ser tan f√°cilmente estimada como en las elecciones de mercado comparables. (‚Ķ) Junto al factor de incertidumbre, que puede entenderse f√°cilmente que limita el alcance del c√°lculo racional, el individuo particular pierde el sentido de la responsabilidad de la toma de decisiones que es inherente a la elecci√≥n privada.‚ÄĚ (Ib√≠d., p. 65)

Asimismo, esta cooperaci√≥n entre partes en el √°mbito colectivo es motivada por una forma de beneficio, que podemos decir indirecta, esto es por la diferencia de costes que implicar√≠a una decisi√≥n individual. La acci√≥n colectiva, su sentido, es ‚Äú‚Ķ un medio de reducir los costes externos que se imponen al individuo por una acci√≥n puramente privada o voluntaria.‚ÄĚ (pp. 70/71)

 

2. La Irracionalidad en el comportamiento Económico

Algunos pensadores como los psic√≥logos Daniel Kahneman y Amos Tverski han criticado el alcance atribuido al concepto de racionalidad como caracter√≠stica de las elecciones del sujeto de la econom√≠a. Afirman que se observan ciertos ‚Äúerrores‚ÄĚ en el comportamiento de los individuos que sistem√°ticamente violan la teor√≠a de la decisi√≥n racional.

2.1. El Problema de Enfoque

Un factor que provoca esas conductas irracionales es lo que denominan ‚Äúproblema de enfoque‚ÄĚ. Los autores mostraron que, un mismo problema presentado de manera distinta, hace que los sujetos presenten inconsistencias en sus preferencias. Hay una tendencia a desconocer algunos de los elementos que en verdad son compartidos por las distintas presentaciones. Veamos uno de los ejemplos del ‚Äúproblema de enfoque‚ÄĚ:

‚ÄúCuando en la oficina todos reciben un aumento en su ingreso, el empleado que ve incrementado su sueldo en menor medida puede experimentar esta mejora objetiva como una p√©rdida‚Ä̬† (Kahneman-Tversky¬† p.16)

Esta reacci√≥n es considerada por Kahneman como conducta irracional ya que, de acuerdo a ese autor, el sujeto mejor√≥ en t√©rminos absolutos y, sin embargo, se siente afectado. Pero aqu√≠, entendemos nosotros, es v√°lido un an√°lisis distinto al de Kahneman ya que el empleado en cuesti√≥n percibe que si los dem√°s compa√Īeros incrementan su ingreso en mayor medida, √©l, objetivamente, disminuye su status psicosocial (reconocimiento) relativo en la oficina. Kahneman cae en tal caso en la fragmentaci√≥n que √©l mismo critica, es decir, analiza una situaci√≥n acotada al ingreso pero comparando s√≥lo al sujeto consigo mismo (su estado inicial de ingresos con su estado actual). No toma en cuenta lo que representa el efecto del dinero como valor psicosocial en la sociedad contempor√°nea que es, b√°sicamente, una sociedad de mercado[4]. De manera que, en este caso, la reacci√≥n del sujeto en cuesti√≥n no puede ser considerada meramente irracional en el sentido de una mala apreciaci√≥n individual sino que por el contrario es reflejo del valor predominante de una sociedad eminentemente mercantil.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Kahneman considera que, adem√°s de su pertinencia para explicar las decisiones econ√≥micas, estos estudios sobre conductas irracionales tambi√©n permiten entender parte de la manera con que se hacen las preferencias pol√≠ticas.

2.2. Aversión al riesgo- Principio de la razón diferencial

En el siguiente ejemplo aportado por Kahneman nos detendremos a mostrar¬† el efecto producido por la manera de presentar las alternativas. En ambos casos se trata de lo mismo pero la forma en porcentajes y, adem√°s, el efecto producido por la palabra ‚Äúincremento‚ÄĚ en un caso y ‚Äúp√©rdida‚ÄĚ en el otro, alteran significativamente la preferencia:

‚ÄúLas elecciones pol√≠ticas siempre implican un n√ļmero considerable de intercambios: un programa que traiga ciertos beneficios a un segmento de la poblaci√≥n puede implicar, al mismo tiempo, un perjuicio a otro estrato de la poblaci√≥n. Las pol√≠ticas dise√Īadas para incrementar la tasa de empleo suelen tener su lado adverso: la inflaci√≥n[5].

Si se implementa el programa J, el 10% de la fuerza de trabajo será desempleada, mientras que la tasa de inflación será del 12%. Si se adopta el programa K, el 5% de la fuerza de trabajo será desempleada, mientras que la inflación será del 17%. La siguiente tabla presenta las políticas alternativas y sus consecuencias más probables:

Política

Fuerza de trabajo desempleada

Tasa de inflación

Programa J

10%

12%

Programa  K

5%

17%

 

Imagine que tiene que optar por una de estas dos pol√≠ticas econ√≥micas, ¬Ņcu√°l de las dos pol√≠ticas elegir√≠a?

Las respuestas fueron: Programa J 36%, Programa K 64%

Se le plantea a un segundo grupo el mismo problema en términos objetivos pero con la siguiente descripción de las alternativas políticas:

 

Política

Fuerza de trabajo empleada

Tasa de inflación

Programa J

90%

12%

Programa K

95%

17%

 

En este caso las respuestas fueron: programa J 54%, programa K 46%‚ÄĚ

(Kahneman-Tversky,  P. 462)

En este ejemplo vemos como las respuestas se modifican significativamente seg√ļn el modo de presentar los mismos t√©rminos objetivos. Es decir que se pone en juego, una vez m√°s, el sesgo del ‚Äúproblema de enfoque‚ÄĚ. En este caso el autor aclara que el problema de enfoque es especificado por otro sesgo que llama ‚Äúprincipio de la raz√≥n diferencial‚ÄĚ: el impacto de cualquier diferencia positiva entre dos sumas se incrementa con su raz√≥n. Por caso la diferencia entre 200 y 100 hace una raz√≥n de 2, mientras que la diferencia entre 300 y 200 implica una raz√≥n de 1.5, aun cuando en t√©rminos absolutos ambas diferencias son exactamente la misma. En el ejemplo, la estad√≠stica laboral se describe en t√©rminos de desempleo o empleo lo que da como resultado la misma diferencia en n√ļmeros absolutos pero con una raz√≥n muy desigual. As√≠ al presentarse la tasa de desempleo de 10% a 5%, que conlleva una raz√≥n de 2 tendr√° m√°s impacto subjetivo, como puede observarse en el cambio significativo de las respuestas, que el cambio objetivamente igual, de la tasa de empleo increment√°ndose de 90% a 95%. Como consecuencia, el programa K ser√° m√°s elegido en el problema 1 y el programa J se preferir√° en el problema 2.¬†

Hay que decir que este cambio se halla reforzado porque la segunda presentaci√≥n se plantea como incremento mientras que en la primera la significaci√≥n ‚Äúp√©rdida‚ÄĚ impacta.

Así la manera de presentar un problema puede hacer cambiar no sólo la elección, sino toda la disposición de las preferencias pasando de adversos al riesgo a buscadores del riesgo, dado que la forma en que se presenten los datos cambia la percepción del individuo de ganancia a pérdida.

 

3. Otras dos clases de Irracionalidades

Hay dos tipos de irracionalidad que consideraremos y que no están tematizadas por economistas: la irracionalidad propia de la racionalidad de la economía de mercado y la de aspectos regresivos de la población.

 

3.1. El mercado como din√°mica irracional-racional

Hay una irracionalidad que no es error sino al contrario adaptativa a la sociedad de mercado. Esa irracionalidad es la eficiencia psicosocial de la venta. La venta es la operaci√≥n que hace a la din√°mica misma del concepto ‚Äúeconom√≠a de mercado‚ÄĚ.

Uno de los mecanismos psicosoicales de la venta consiste en promover un sujeto propenso a los placeres inmediatistas. Que el sujeto desee comprar aquello que aparece suscit√°ndole excitaciones intensas y diferenciales pero de corta duraci√≥n y que, entonces, deber√° renovar cada vez con m√°s frecuencia.¬† El sujeto del mercado se ve inducido a sentir que si no compra corre el riesgo de perder valorizaci√≥n social -una de cuyas dimensiones es la de su presentaci√≥n est√©tica-.Pero este efecto de irracionalidad, la tendencia a la compulsividad de consumir placeres inmediatistas, es lo que motiva a que los sujetos tiendan a incrementar su productividad ‚Äďy con ello realizar distintas actividades racionales-con vistas a conseguir el dinero que le permita adquirir los excitantes ofertados. Psico-econ√≥micamente, y dicho de manera esquem√°tica, el mercado aparece como una din√°mica entre lo irracional y lo racional.

Esta  forma de esa irracionalidad de la eficiencia de la venta es solidaria o hace a la vigencia de lo que denominamos valor mercantil y que comentamos a propósito del ejemplo de la oficina. El valor mercantil es resultado de la interiorización (subjetivación) del papel alcanzado por el dinero como mediación principal de las relaciones psicosociales[6].   

Una de las formas en que esa irracionalidad, que hace a la motivación y sentido del sujeto del mercado, se expresa en las decisiones políticas como tendencia del sujeto a elegir en función de sus intereses privados inmediatistas.

 

3.2. Los aspectos regresivos

Hay una segunda irracionalidad y que es relevante en el campo político. En nuestras investigaciones empíricas sobre el perfil psicológico de la población como sujeto político[7] hallamos que un porcentaje importante presenta rasgos que denominamos regresivos[8].

Esos rasgos, como la de necesitar de líderes fuertemente idealizados y, solidariamente, que el Estado funcione de manera paternalista, hacen que el sujeto resulte parte de un tipo de intercambio en donde el desarrollo individual y social se halla acotado.

El sujeto, que de una u otra manera, es econ√≥micamente dependiente del Estado cumple con dos de los requisitos de la racionalidad econ√≥mica -b√ļsqueda de su beneficio personal y cierta consistencia en sus preferencias- ya que es capaz de elegir ante sucesivas alternativas siguiendo su criterio, por ejemplo cuando en una segunda vuelta electoral debe optar por alguien por qui√©n no sufrag√≥ en la primera.¬†

El punto distintivo entre la racionalidad de este sujeto y la racionalidad del sujeto libre es el alcance del objetivo. El sujeto econ√≥micamente dependiente del Estado busca la reproducci√≥n sin fin de la satisfacci√≥n de sus necesidades pero no puede elegir seg√ļn un objetivo de crecimiento individual.

El sujeto econ√≥micamente dependiente del Estado elige al pol√≠tico que en su discurso satisface m√°s su inter√©s. Pero en esa clase de sujeto su preferencia se halla, psicol√≥gicamente, expresada en lo que nosotros hemos denominado ‚Äúexpectativa de un Estado paternalista‚ÄĚ[9].

Ambos actores obtienen sus respectivos beneficios, satisfacción de necesidades de un lado, y logro de Poder en el otro. Pero de perpetuarse este tipo de situaciones puede tornarse en un juego de creciente asimetría, con incremento de Poder en el político y pérdida creciente de soberanía en el elector. Por lo cual, el político no tendría mayor interés en que, desde el Estado, se fomentaran aquellas políticas adecuadas para establecer las condiciones objetivas y subjetivas[10] para que el sujeto pueda insertarse efectivamente en el desarrollo económico. 

En suma esta clase de intercambio político con un sujeto que económicamente es, directa o indirectamente, dependiente del Estado tiene tres claras consecuencias:

 

a.                 Pérdida creciente de soberanía del votante,

b.                 Debilitamiento del carácter republicano de las instituciones dado que se hace factible la indiferenciación entre Gobierno y Estado y, subsecuentemente la de los tres Poderes,

c.                 De ampliarse la población de sujetos directa o indirectamente dependientes económicamente del Estado se socava el desarrollo económico dado que la iniciativa individual no tiene motivación.

 

4. Conclusiones

El modelo econ√≥mico, sea desde el concepto de racionalidad como incorporando la precisi√≥n de componentes irracionales, es una base para entender las decisiones pol√≠ticas, pero insuficiente seg√ļn intentamos justificar. Pero esa insuficiencia del modelo econ√≥mico no se debe s√≥lo a la mayor incertidumbre propia del √°mbito pol√≠tico como lo se√Īalan Buchanan y Tullock, sino a que, as√≠ lo pensamos, se est√° manejando un concepto restrictivo con relaci√≥n a la real vigencia de la econom√≠a entendida como econom√≠a de mercado.

En efecto el dinero ‚Äďesto es las relaciones de compra y venta- no es s√≥lo la forma de los intercambios entre objetos sino que, contempor√°neamente, deviene en el principal valor en el sentido axiol√≥gico del t√©rmino (valor mercantil).

Hemos dichos que en la dinámica de la economía de mercado el tipo de móvil irracional promovido por la eficiencia de la venta es adaptativo a la vida psicosocial. Al hacer sus preferencias en el ámbito político el individuo también tiende a actuar como sujeto del mercado, o sea de la venta y su expresión axiológica el valor mercantil.

Es desde esa elucidaci√≥n del concepto de mercado (econom√≠a de mercado) que entonces s√≠ puede verse una mayor semejanza en cuanto al sentido que orienta al sujeto cuando hace decisiones en el terreno de los bienes privados como de los bienes p√ļblicos y en particular sobre la pol√≠tica.

Pero aun con la incorporación del concepto de valor mercantil el modelo económico es claramente insuficiente para explicar las decisiones políticas en poblaciones económicamente dependiente del Estado.

En el caso de esas condiciones incorporamos otro aporte: los ‚Äúrasgos regresivos‚ÄĚ. Estos rasgos son un tipo de irracionalidad que no es adaptativa al mercado como lo es la descrita a prop√≥sito de la venta. Por el contrario es correlato de un r√©gimen pol√≠tico que maneja un concepto de Estado Paternalista. Hay una relaci√≥n viciosa entre pol√≠ticos que propician un Estado Paternalista y un sujeto que vota cuya impronta son los ‚Äúrasgos regresivos‚ÄĚ, lo que impide un componente decisivo de la racionalidad econ√≥mica a saber el desarrollo econ√≥mico y asimismo individual.

 

Bibliografía

 

-¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Benbenaste, N. ‚ÄúDemocracia Mercantil‚ÄĚ (1998) Eudeba

-                    Buchanan J.M. y Tullock G. (1993), El cálculo del consenso, Planeta-Agostini, Bs. As.

-¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Kahneman D. And Tversky A (2000). ‚ÄúChoices, Values, and Frames‚Ä̬† Cambridge University press, USA

-                    Neumann, van J y Morgenstrn, O (1947) Theory of Games and Economic Behavior, segunda edición, Princeton University Press. Princeton-New Jersey.

-                     



[1] Buchanan J.M. y Tullock G. (1993), El c√°lculo del consenso, Planeta-Agostini, Bs. As.

[2] Kahneman D. And Tversky A (2000). ‚ÄúChoices, Values, and Frames‚Ä̬† Cambridge University press, USA

[3] Neumann, van J y Morgenstrn, O (1947) Theory of Games and Economic Behavior, segunda edición, Princeton University Press. Princeton-New Jersey.

Para una aplicación a la economía puede, por ejemplo, verse: Friedman, J.W. (1991): Teoría de juegos con aplicaciones a la economía. Editorial Alianza Universidad.

[4]‚Äú La universalizaci√≥n del mercado es justamente lo que caracteriza a esta organizaci√≥n social...El aumento de intercambios de mercanc√≠as no se ha circunscrito a las cosas. El dinero, mercanc√≠a de las mercanc√≠as, ha ido incluyendo distintas facetas del hombre...en esa medida el dinero ha adquirido el car√°cter no solamente de medida de lo intercambiado sino de los intercambiadores, ha devenido mediatizador de las relaciones...en este derrotero, el mercado contempor√°neo ha adquirido la relevancia de m√°ximo regulador psicosocial ‚ÄĚ ‚Äú...Esa uni-versalizaci√≥n hace que tienda a no existir otra forma social por fuera del mercado; en esa medida, compele a que los sujetos se reconozcan como seres sociales y se valoricen solamente a trav√©s de sus posiciones, directa o indirectamente, respecto del dinero. Eso quiere decir que el dinero no s√≥lo mide, sino que se hace mediaci√≥n principal entre los sujetos.‚Ä̬† Benbenaste, N. ‚ÄúDemocracia Mercantil‚ÄĚ (1998) Eudeba P√°g.71

 

 

 

 

[5] Cabe aclarar que este tipo de situaciones en las que las políticas que tienden a incrementar la tasa de empleo están en relación directa con la tasa de inflación, se presentan, en general, en economías de gran desarrollo.

[6] Una de cuyas m√°s elocuentes verbalizaciones populares es que ‚Äútodos tienen su precio‚ÄĚ o de un modo menos crudo ‚ÄúTime is money‚ÄĚ, etc..

[7] Programa UBACYT P023 ‚ÄúLa Madurez Pol√≠tica de los Argentinos‚ÄĚ., 2001-2007.

[8] Definimos como regresivos a aquellos rasgos infantiles que en la adultez act√ļan como obst√°culos al desarrollo racional del sujeto.

[9] Por ‚ÄúExpectativa de un Estado paternalista‚ÄĚ se entiende que el Estado debe satisfacer las necesidades como una caracter√≠stica permanente en oposici√≥n a un Estado que cree las condiciones para el desarrollo individual de la poblaci√≥n.

Esta caracter√≠sticas de los sujetos se ha comprobado emp√≠ricamente en encuestas de 2003 y 2005, cuyos resultados se han publicado en: ‚ÄúLa madurez pol√≠tica en los argentinos‚ÄĚ, 2003, Editorial Eudeba, p. 172 y ‚ÄúEl paternalismo de Estado y su efecto sobre la democracia en los estudiantes universitarios‚ÄĚ presentado en las Jornadas de Investigaci√≥n de la Facultad de Psicolog√≠a ‚Äď UBA, 2005.

[10] Las objetivas son aquellas condiciones para las inversiones y otros aspectos válidos para el crecimiento económico en un mercado competitivo. Las subjetivas son las mejoras de la calidad educativa y la mayor inclusión posible de la población. 

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