Publicado el 26-04-2006 / Edición Nº 4 / Año III

 














LOS MITOS DE GOBIERNO. UNA VISI√ďN DESDE LA COMUNICACI√ďN GUBERNAMENTAL
por Riorda, Mario
Universidad Catůlica de Cůrdoba
Riorda, Mario (26-04-2006). LOS MITOS DE GOBIERNO. UNA VISIÓN DESDE LA COMUNICACIÓN GUBERNAMENTAL.
HOLOGRAMATICA - Facultad de Ciencias Sociales UNLZ
Año III, Número 4, V2
ISSN 1668-5024
URL del Documento : https://cienciared.com.ar/ra/doc.php?n=380
URL de la Revista : https://www.hologramatica.com.ar
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RESUMEN:
<P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; TEXT-ALIGN: justify"><SPAN lang=ES-AR style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-ansi-language: ES-AR; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-size: 10.0pt"><FONT face="times new roman, times, serif">El presente es un intento de generar una defensa teórica, con abundante ejemplos de la realidad, para dar cuenta, desde la comunicación política gubernamental, del fenómeno denominado mito de gobierno. Partiendo desde una perspectiva construccionista, entiende a los mitos, como un desarrollo político basado en los ciclos largos de la comunicación política. Por ello, el desarrollo intenta constituirse en recomendaciones para la acción de los gobiernos, atravesando conceptos, como las imágenes de marca de las gestiones, como muestra empírica de los mitos de gobierno. Asimismo, reflexiona sobre el proceso persuasivo asociado a la comunicación del mito y sus riesgos, y aunque los reconoce claramente, descarga en gran parte la responsabilidad en la acción política y en los propios actores políticos, más que en el instrumento mismo, al que se lo considera indispensable para justificar las políticas en la idea de lograr consenso en las gestiones, aún con fuerte énfasis en lo ideológico.</FONT> <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p></SPAN></P> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"><B style="mso-bidi-font-weight: normal"><SPAN lang=ES-AR style="FONT-SIZE: 12pt; FONT-FAMILY: Arial; mso-ansi-language: ES-AR; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-size: 10.0pt">&nbsp;</SPAN></B></P>
PALABRAS CLAVE: mito de gobierno- comunicaci√≥n gubernamental - construccionismo
ABSTRACT:
the present [paper] is an attempt to establish/ a theoretical defThe exponential development experienced in the last decades by the new information technologies (ICT) leads us to face new opportunities and threats in the society, impelling a substantial transformation process in the human relations, the culture, the politic, the economy and, fundamentally, in the development opportunities in all their levels, national, regional and urban.ense, with many examples taken from reality, and from the governmental political communication point of view, of the phenomenon named myth of government. Beginning with a constructionist perspective, which understands myths as a political development based on long cycles of political communication. Because of that, development intends to build up a set of recommendations to the governments action, through concepts as brand images of a particular management, as an empyric sample of myth of government.

In addition, paper argues about the persuasive process associated to the myth¬īs communication and its risks, an though it recognizes them clearly, it lays big part of responsability in political action and in political actors, more than in the instrument itself, which is considered indispensableto justify policies, in order to achieve consensus in management, still with a strong emphasis in the rethorical and/or the ideological ways.

KEYWORDS: government myth- governmental comnunication - construccionism

Desde el aporte de la comunicación política construccionista, se intenta generar un marco teórico de fuerte utilidad aplicativa con un pretendido deseo respecto a que el presente, de cuenta de una condición gubernamental (governmentality) como pensamiento diferente (Crozier, 2004, p. 7), entendiendo por ella a las acciones que, a modo de recomendación, permeen todas las dimensiones de un gobierno en la idea de construir y sostener al mito de gobierno, como una base central para lograr consenso en los sistemas políticos.

Este ensayo, es tambi√©n un intento por superar el fuerte anclaje de los estudios de comunicaci√≥n pol√≠tica centrados en los ciclos cortos, para intentar aproximarse a un abordaje de los ciclos largos, pues muchos de los pol√≠ticos han pasado ya en el nivel de los hechos a un ‚Äúvivir en campa√Īa permanente‚ÄĚ, es decir que de facto han aceptado el ciclo largo de la pol√≠tica, pero buena parte de las herramientas de los modelos y la investigaci√≥n en comunicaci√≥n pol√≠tica siguen demasiado ligados a los ciclos cortos. Por ello es que el abordaje acad√©mico en la comunicaci√≥n pol√≠tica, de planes y estrategias en procesos de m√°s larga duraci√≥n, como la construcci√≥n de mitos estables, o la fidelizaci√≥n de cohortes generacionales a una instituci√≥n, es verdaderamente escaso (Del R√≠o y otros, 2004, 311-313).

Podr√≠a sostenerse en primer t√©rmino, que muchos gobiernos tienen en la inexistencia de proyecto, a una de las causas que producen inestabilidad institucional, debido que muchos de los partidos pol√≠ticos se preocupan incesantemente de ver c√≥mo llegan al poder, pero una vez que acceden, muchas veces no saben qu√© hacer con √©l (Bobbio, y otros, 1997). Por ello es que se trata de buscar una respuesta, por lo menos instrumental, a la pregunta del ¬Ņy ahora qu√©?, una vez pasadas las elecciones. Ello, significa racionalizar y justificar, o bien legitimar las acciones de gobierno, desde la comunicaci√≥n y en base a un requisito b√°sico: la existencia de un proyecto, como condici√≥n sine qua non.

                        En dicho sentido, un gobierno requiere de "razones" para mostrar y justificar sus actuaciones adecuadas a determinados actores, recursos, y escenarios, pero también tiene reservada para sí, la facultad de tener "motivaciones", que en este caso, indudablemente tienen que ver con la generación de "confianza" (Majone, 1997). Todo lo que aquí se llama "motivaciones", es lo que configura la política general del gobierno y la capacidad argumentativa que hay detrás de esa política.

Pero comunicación aquí no es un vacío, ni una mera burbuja demagógica, sino es en parte fundar la realidad tal cual es, haciéndola propia, modificándola. El trabajo del gobierno, consiste entonces en conseguir que se perciba como realidad su mensaje, su estrategia, la elección de las palabras con las que argumenta para su defensa y su causa. Por ello es que el enfoque del presente es eminentemente institucionalista, y no abandona consideraciones académicas profundas, particularmente desde un abordaje que alcanza lo retórico, en tanto se centra en los modos persuasivos del emisor, que en este caso, es el gobierno como institución, y con un marcado sesgo en ubicar a la publicidad gubernamental como parte sustantiva de la comunicación gubernamental (Rose, 2000, p. 5) destinada a sostener el mito. En ese sentido, el enfoque destaca el uso persuasivo de la comunicación, asociada a la organización de argumentos que muestran cómo el poder gubernamental y la legitimidad son mantenidas a través de la publicidad (Rose, 2000, p. 25). 

El paradigma te√≥rico de gran parte de este ensayo puede situarse te√≥ricamente dentro de la comunicaci√≥n pol√≠tica en la l√≠nea del ‚Äúconstruccionismo‚ÄĚ, sosteniendo que la fundamental premisa que esta perspectiva invoca, es que la realidad es un producto social, y que los primeros significados por los cuales la realidad es construida, es el lenguaje. Obviamente hay una idea kuhntiana en todo este abordaje, en el sentido de que la verdad, los argumentos y las evidencias, son construcciones sociales (Valls, 1996, p. 143-144). Lo que se pretende es que la gente pueda interpretar los actos de acuerdo a los intereses o a las definiciones que de manera previa o posterior se vayan instalando desde el gobierno v√≠a su comunicaci√≥n. Se intenta acercar o limitar los intereses o atenci√≥n de los ciudadanos a ciertos t√≥picos en cuesti√≥n, capturar la din√°mica e interactividad de los procesos para dotar de significados a los eventos pol√≠ticos, bas√°ndose en investigaciones previas.

El enfoque construccionista, ubica el énfasis de investigación sobre las ideas o los significados políticos y los procesos por los cuales la gente adquiere el sentido del mundo político, pero además ese proceso es continuo y dinámico, generando una espiral activa de interpretaciones y reinterpretaciones constantes, siempre basado en lenguajes simbólicos que ponen en funcionamiento diferentes pensamientos o sentimientos. Se aprecia que las emociones juegan un rol activo en la resonancia e interpretación de los mensajes (Crigler, 2001, p. 1-10), no apoyando la tesitura de Habermas, cuando en fuerte crítica hacia Russeau, reprocha que éste pregonaba el consenso de los corazones, más que el consenso de los argumentos (Habermas, 1999, p. 26).

El construccionismo enfatiza o crea problemas para avanzar con sus pol√≠ticas, o bien, muchos de los verdaderos problemas, son construcciones simb√≥licas y pol√≠ticas para justificar el accionar del gobierno (Edelman, 1991; Rochefort y Cobb, 1994, p. 1-27; Bosso, 1994, p. 201).¬† Pero ello no es igual al concepto de kitsch pol√≠tico, pues este act√ļa sobre base testeada exclusivamente, reduciendo la actividad de creatividad pol√≠tica, que pasa a rodearse de una alta previsibilidad trabajando con manifestaciones o acciones p√ļblicas con alto potencial de aceptaci√≥n (Plot, 2003, p. 15-19), lo que transforma o reorienta a la opini√≥n p√ļblica, en un plebiscito dispuesto a la aclamaci√≥n, a la acogida, a un clima psicol√≥gico favorable (Habermas, 1999, p. 243). Pero el construccionismo gubernamental es diferente pues no s√≥lo testea ambientes, los construye o al menos avanza en el intento.[1]

En parte, el mito de gobierno es ese intento de constituirse o instalarse como un modelo de camino a seguir socialmente aceptado, para evitar caer en el cortoplacismo, y salir as√≠ de la trampa de la inmediatez. Aunque se asume mucha cautela por los potenciales abusos, no se descree de la posibilidad de crear condiciones apropiadas desde el estado para cumplir una funci√≥n de poder de ense√Īanza, siempre en la idea racionalizar la¬† comunicaci√≥n como soporte para la implementaci√≥n de sus pol√≠ticas (Rose, 2000, p. 25-31). La publicidad gubernamental, en ese prop√≥sito, se constituye como un m√©todo a trav√©s del cual un gobierno democr√°tico intenta hacer expl√≠citos sus prop√≥sitos u orientaciones a un amplio n√ļmero de personas, para obtener apoyo o consenso en el desarrollo de sus pol√≠ticas p√ļblicas.¬†¬†

Es evidente también que la comunicación gubernamental juega un papel clave en la construcción de una determinada cultura política, creando condiciones materiales y no materiales a través del desarrollo de símbolos y mitos que configuran elementos de identidad. Ese propósito explícito, es también un objetivo explícito de la comunicación gubernamental, y aunque no fuese tal, sin duda alguna es una consecuencia directa de su ejercicio. 

Tanto como se usa el concepto de mito de gobierno, puede usarse indistintamente el de visi√≥n general, proyecto general de gobierno, norte estrat√©gico, rumbo de gobierno, valores no perentorios a priori, grandes lineamientos, orientaci√≥n estrat√©gica, y muchos nombres m√°s, aludiendo exactamente a lo mismo, aunque el concepto de mito los incluye y m√°s a√ļn, trasciende, en tanto representa exactamente lo mismo que los sin√≥nimos descriptos, s√≥lo que incluye la condici√≥n de que ya est√° apropiado por la ciudadan√≠a. El mito es la ‚Äúmetapol√≠tica‚ÄĚ, el ‚Äún√ļcleo‚ÄĚ al decir de Majone, que es lo que permanece mucho m√°s r√≠gido, con menor variabilidad (ello no quiere decir inmutable), mientras que las acciones incrementales, tienden a representar a las ‚Äúperiferias conc√©ntricas‚ÄĚ o ‚Äún√ļcleos protectores‚ÄĚ, marcados por su mayor dinamismo y flexibilidad, constituida por programas y actos administrativos, especialmente (Majone, 1997, 191-200).

El mito es la definici√≥n de la orientaci√≥n estrat√©gica, mientras que las acciones incrementales son las t√°cticas, es decir, las que alimentan la circulaci√≥n diaria que den sustento a la representaci√≥n de un Estado. Lo estrat√©gico, en cambio simboliza la direcci√≥n, voluntad y justificaci√≥n de las pol√≠ticas (Dader, 2004, p. 204-207). As√≠, el mito, en tanto elemento √ļtil como construcci√≥n de sentido, tal vez pueda ser entendido en la breve definici√≥n de Girardet: "sistema de creencias coherente y completo" (Girardet, 1999, p.11). Esta brevedad no exime de complicaciones que dicho autor resuelve, (con amplia inclusi√≥n) de lo que no es en t√©rminos de exclusividad el mito de gobierno, s√≥lo por ser pol√≠tico. Entonces, los √≠tems definitorios, son acumulativos de otras definiciones contenidas en esas pocas palabras. El mito no es solo la referencia al pasado y a lo sagrado, pero la contiene en tanto valor explicativo del origen de una realidad dada (Girardet, 1999, p.11-12). En gran parte, la autonom√≠a del poder, depende de la memoria, y cuando se pierde esa interacci√≥n con el pasado y las preferencias pasadas, se pierde la capacidad de autodeterminaci√≥n futura (Deutsch, 1993, p.156).

El mito no es s√≥lo mistificaci√≥n, pero la contiene en tanto ilusi√≥n o camuflaje que contradice las reglas del razonamiento l√≥gico. El mito tampoco es solo la referencia soreliana como animaci√≥n creadora, llamado al movimiento o estimulador de energ√≠as, pero la contiene en tanto fuerza motriz. En esencia, los tres caracteres que no son en exclusiva la definici√≥n, pero s√≠ sus componentes, dan cuenta de lo que es el mito pol√≠tico y dejan caer a una visi√≥n en donde la f√°bula, la deformaci√≥n o la interpretaci√≥n objetivamente recusable de lo real, es un elemento, le dan forma, y probablemente haya que a√Īadir que el mito reivindica una sola legitimidad: la de su mera afirmaci√≥n (Girardet, 1999, p. 11-14). As√≠ como autores denominan al construccionismo social como un enfoque hol√≠stico, una estructura de s√≠mbolos, la idea de ‚Äúpictures of reality‚ÄĚ (Valls, 1996145-146), como met√°fora aplicable tambi√©n al mito, es certera, en tanto su uso, es parte de la ret√≥rica que utilizan los presidentes para justificar sus acciones e inacciones, es decir sus creaci√≥n de la realidad que sustenta su objetivo pol√≠tico.¬†

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Son casi las mismas manifestaciones que otros le confieren al mito. Lo consideran racional, porque el hombre con su imaginaci√≥n lo formaliza como relato, como historia o como teor√≠a. Lo consideran emoci√≥n, porque da sentido, calma la desesperaci√≥n, aten√ļa la ansiedad y posibilita el manejo de las contradicciones de la cotidianeidad. Lo consideran voluntad, porque el mito moviliza, estimula la acci√≥n, fortalece las decisiones y justifica las realizaciones (Donoso Torres, 1999, p. 11-14). El mito permite una propaganda de integraci√≥n (Rose, 2000, p.27). Esto es sin√≥nimo de construcci√≥n de consenso y es en definitiva la consecuencia esperada desde el mito.

La b√ļsqueda del consenso, es una b√ļsqueda cooperativa que asume que si bien el poder coercitivo es un atributo de la autoridad, nunca un sistema pol√≠tico democr√°tico podr√≠a sostenerse un largo tiempo con la fuerza solamente (Shils, 1977, p. 51). Si bien no es imposible definir al consenso, es dificultoso llegar a un an√°lisis emp√≠rico de sus caracter√≠sticas, debido a la vaguedad, nivel de abstracci√≥n y ambig√ľedad de creencias efectivas sobre las que √©ste se basa. Sabiendo que el consenso es una condici√≥n determinada del sistema de creencias de una sociedad, existe cuando hay acuerdo entre los miembros de una unidad social dada, acerca de principios, valores, normas y tambi√©n respecto de la deseabilidad de ciertos objetivos de la comunidad y de los medios aptos para lograrlos (Sani, 1998, p. 315). Esos objetivos son los componentes del mito.

As√≠ es que s√≥lo importa aqu√≠ entender al consenso como ausencia de disensos inestabilizadores, que a√ļn existiendo s√≥lo para principios generales, sea concebido como un elemento que a pesar de las tensiones, dote de adaptabilidad y una considerable resistencia al sistema pol√≠tico. Es decir que haga a las funciones de sost√©n del orden p√ļblico y a la disminuci√≥n de las probabilidades del uso de la violencia en la resoluci√≥n de los desacuerdos (Shils, 1977, p. 48-51).¬†¬†¬†

Sint√©ticamente, el consenso es la b√ļsqueda de acuerdos pol√≠ticamente operantes centrados en la idea de que si bien puede haber (y de hecho probablemente siempre existan) grupos en los m√°rgenes del consenso, o bien afuera del mismo, las pol√≠ticas de un gobierno deben ser aceptadas socialmente por la mayor cantidad de personas posibles. Esto tambi√©n es un modo de entender a la legitimidad como elemento clave para dotar de estabilidad a un gobierno. Por ello es que el cambio social discontinuo, que crea fuertes desequilibrios entre las expectativas y las posibilidades, hace del consenso, y por ende de la estabilidad pol√≠tica, un bien escaso (Lipsitz, 1977, p. 53-54).

Y si las creencias que integran el consenso (o la disensión) varían en cuanto a la intensidad de la adhesión que suscitan, incluso dentro de una misma situación, se puede insistir más rigurosamente en unas y menos en otras (Shils, 1977, p. 49), para lo cual hay que considerar el papel de los factores que están en juego, así como los modos de interpretación,  y los esquemas mentales a través de los cuales estas experiencias son vividas, y a las cuales se le da un significado (Sani, 1998, p. 317). Esta tarea, es esencialmente la acción directa que le compete al gobierno desde la comunicación y como propulsor del mito.

El mito se forma tanto de la imagen, como una percepci√≥n social, como de la identidad, lo que se es en tanto organizaci√≥n, con su gente, con sus cosas, y aunque puedan no coincidir en alg√ļn momento, a la larga, dichos conceptos se van unificando, y la imagen, tiende a reflejar lo que verdaderamente se es (Wheeler, 1994, p. 15-16). Pero el mito, en caso de que se lo confunda con la identidad, es mucho m√°s que esta, aunque ser√≠a correcto ubicar en concepciones recientes a la identidad, particularmente la corporativa, en el sentido de comprenderla no s√≥lo como un elemento que juega con necesidades internas, y con expectativas externas, sino que adem√°s, considera el peso de las fuerzas del ambiente y una consideraci√≥n de cuanto ello contribuye al cambio identitario (Illia y otros, 2004, p. 10-20).

Esta definici√≥n, est√° asociada a una concepci√≥n realista, y es mucho m√°s acorde para su aplicaci√≥n bajo una l√≥gica incremental que est√© asociada a un rumbo. Son elementos contributivos al mito que en alg√ļn momento llegan a confundirse. Por ejemplo, la ca√≠da del sistema sovi√©tico de control y tutelaje por parte del estado, caus√≥ un evidente cambio en la estimaci√≥n de expectativas concernientes al estado, y luego de una serie de investigaciones en 1989, 1994 y 1999 por parte del Russian Research Centre VCIOM, se demostr√≥ que el pueblo ruso hab√≠a perdido pr√°cticamente la idea del ‚Äúestado que nos favorece en todo‚ÄĚ, representando as√≠ una misma imagen que daba cuenta de la ca√≠da de un mito identitario hist√≥rico (Gromova, 2002).

Cabe pues, pensar en algunas caracter√≠sticas comunes en los mitos: suelen aparecer como sucesi√≥n, vale decir como una secuencia de im√°genes, por lo que dif√≠cilmente se los pueda tomar anal√≠ticamente como fraccionados; si bien los mitos son polimorfos, tienen un car√°cter restringido y limitado en su creatividad, se insertan en un sistema, en una misma "sintaxis" al decir de L√©vy Strauss, por lo que hay impl√≠citamente una promesa de hilo conductor que produce "constelaciones mitol√≥gicas", siempre estructuradas en torno a un mismo tema y reunidas en torno a un n√ļcleo central y en donde m√°s all√° de variantes, diversidad posible de formulaci√≥n, incluso de contradicciones aparentes, hay siempre remisi√≥n a los mismos s√≠mbolos, las mismas palabras, lo que en definitiva constituye la estructura fundamental de la realidad m√≠tica (Girardet, 1999, 14-24).

La configuraci√≥n de valores, m√°s o menos coherentes, a lo que se ha llamado mito, indica una preferencia operacional vinculada con otras preferencias y tambi√©n con importantes memorias y pautas de reacci√≥n emocional en los individuos que lo sostienen. Es imposible comprender la funci√≥n de un valor aislado, salvo en funci√≥n del conjunto de valores que forman un todo pertinente. Para ello, es importante desde la comunicaci√≥n gubernamental, no confundir las im√°genes de los valores con los valores mismos, es decir a confundir lo que la gente dice o prefiere, con lo que efectivamente prefiere en los hechos. La otra confusi√≥n a evitar, es no caer en la falacia mecanicista, en donde el comportamiento de un sistema, puede pronosticarse en base al comportamiento o la pauta de valores de algunas de sus partes (Deutsch, 1993, p. 203). Estos caminos de confusi√≥n, son una advertencia de que los mitos, como un sistema de valores, no pueden imponerse f√°cilmente por el predominio de una parte por sobre el todo, as√≠ como tampoco la idealizaci√≥n de lo que se quisiera ser en t√©rminos de aspiraciones, es la √ļnica gu√≠a para sostenerlo o desarrollarlo.¬†¬†

Partiendo de una consideración ética, es prudente abandonar desde este planteo a las posturas que desvanecen el límite entre la comunicación de acontecimientos y la de pseudoacontecimientos caracterizados por ser planeados para introducirlos o inducirlos y que se reproduzcan, en donde no interese tanto la realidad que más que el merecimiento de convertirse en noticia, como plantea Boorstin, que sea ambiguo en su correspondencia con la realidad, y que finalmente sea autoprovechoso, o lo que es lo mismo, que se convierta en profecía que se cumpla a sí misma (citado en Krauss, D. y Davis, 1991, p.189).

Tampoco ello implica apartarse de la eficacia del pseudoacontecimiento, si se entiende al mismo como los hechos construidos por los políticos, siempre y cuando los mismos estén asociados a sustentos fácticos verdaderos. No obstante, será el ciudadano quien juzgue la presencia o falta de sensibilidad frente a acontecimientos, o la aportación rica o pobre a la realidad social, que puede resultar de la constante creación de pseudoacontecimientos (Del Río, 2004, p. 324). 

Lo cierto que esta caracter√≠stica ya forma parte de la comunicaci√≥n gubernamental, y es un modo de transformar la pol√≠tica en un asunto p√ļblico las veinticuatro horas para el consumo de los ciudadanos, que suele traer una dr√°stica consecuencia: gente ordinaria confundida, pues el pseudoevento genera competencia de pseudoeventos. Esto tiene una implicancia derivada, al entender que el concepto de ‚Äúcampa√Īa permanente‚ÄĚ tiene m√°s connotaci√≥n con lo electoral que con lo gubernamental. Una escalada de pseudoeventos, puede hacer perder el rumbo o la iniciativa a un gobierno a favor de lo electoral, pues el p√ļblico ser√° una imagen permanente de desacuerdos, asisti√©ndose a una sobreestimaci√≥n de los plazos cortos, y a una subestimaci√≥n del riesgo de los largos plazos, y una tendencia a debatir conflictivamente todo en un formato dram√°tico de demandas y victimizaciones¬† (Heclo, 2000, p. 30)

A diferencia del proceso electoral, la comunicaci√≥n gubernamental no tiene la facilidad de permanecer los a√Īos que dura una gesti√≥n con un √ļnico mensaje, por eso es que el desaf√≠o es m√°s complejo, y se torna necesaria una estrategia proactiva, en donde el gobierno se adelante a la agenda (Noguera, 2002, 88-95).¬† Probablemente desde esta postura, no se comparta necesariamente la idea de una mayor√≠a diaria o cotidiana, como propone Morris, aunque s√≠ se acepta la idea de hechos que denoten poder de iniciativa, o lo que es lo mismo, poder de agenda (Morris, 2002, 87-92). Sostener la idea de que el gobierno tiene todos los d√≠as una elecci√≥n virtual, es a todas luces peligroso, pues el cortoplacismo de las decisiones, degenerar√≠a en obnubilaci√≥n constante. Asimismo, a diferencia de la posici√≥n de Noguera, respecto de la exigencia de hacer del ejercicio de gobierno una actividad menos espasm√≥dica (Noguera, 2002, p. 90), no es ello necesariamente un sin√≥nimo de mayor√≠as diarias, m√°xime si se piensa la aplicaci√≥n en climas o ambientes pol√≠ticos inciertos.

Se asevera entonces, finalmente, que el mito pol√≠tico, es parte constitutiva de la comunicaci√≥n pol√≠tica de un gobernante, y es dable imaginar tambi√©n que una vez lanzado a lo p√ļblico, toma vida y existe "independientemente de sus eventuales usuarios; se les impone mucho m√°s de lo que ellos contribuyen a su elaboraci√≥n" y dejan de ser meras amplificaciones distorsionadas de la realidad, sino que guardan relaci√≥n mas o menos directa con el sustrato f√°ctico aunque de manera cualitativa muestren una verdadera mutaci√≥n que desconoce la cronolog√≠a y relativiza las situaciones y acontecimientos (Girardet, 1999, p.49-50).¬†

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Por ello es que es una herramienta de comunicaci√≥n simb√≥lica, que debe ser de uso regular y constante en la construcci√≥n de sentido social y pol√≠tico que se constituya en fuente generadora de consensos, pero m√°s all√° de lo dicho, y del alcance persuasivo, el campo de la argumentaci√≥n no es ilimitado, sino que se circunscribe a los √°mbitos de lo veros√≠mil, lo plausible y lo probable. Y en el √ļltimo caso, s√≥lo en la medida en que eso se considera probable escapa a la certeza del c√°lculo.

El mito de gobierno entonces no es cualquier cosa, sino que debe representar el ejercicio coherente de lo propuesto discursivamente como contrato de gestión en la faz electoral, y la actualización de lo mejorable o aggiornable de ese contrato, una vez que se es gobierno. De alguna manera es la reedificación del objeto de la acción política, por lo que no deja de significar una cosificación y homogeneización mediante el cual se simplifica todo referente y se trazan explicaciones, consecuencias y caminos deseables para todos, tratando de lograr comunidad desde el campo simbólico, desde una serie de propuestas discursivas que hagan ver la realidad de una determinada manera a la mayor cantidad de personas, con un desarrollo que parte desde el pasado, atravesando el presente (Ruiz Ballesteros, 2000, p. 101-102).

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Un mito de gobierno tiene sus complicaciones, pues tiene una naturaleza marcadamente multidimensional, m√°s all√° de los esfuerzos de simplificaci√≥n. Siempre est√° abierto y nunca cerrado, por lo que de gesti√≥n a gesti√≥n, si perdura, puede sufrir variaciones, y ello obviamente est√° en su esencia. Dada su caracter√≠stica, no puede ser un lanzamiento aislado y lleva a√Īos en solidificarse, lo que obviamente manifiesta la incapacidad de instalar un mito en una sola gesti√≥n. Ello implica, no que se deba partir de cero, sino por el contrario, que sea la garant√≠a del respeto y cierta continuidad de lo que se viene haciendo, a√ļn en l√≥gica correctiva, mejorativa o superadora. Por ello, tres principios pueden establecerse para no extraviar el sentido de la comunicaci√≥n gubernamental (Maarek, 1997, p. 46-47):

a) M√°xima seguridad: este principio est√° sustentado en una serie de preguntas cuyas respuestas son un intento de cautela para anticipar futuros acontecimientos, salvo que exista plena seguridad de que van a existir. Las preguntas son: ¬Ņpor qu√© se est√° haciendo esto? , ¬Ņqu√© se espera obtener al hacerlo?, ¬Ņqu√© pasar√° si no se lo hace de este modo?, ¬Ņes este el modo correcto para hacerlo?.

b) M√°xima coherencia: no tomar ninguna decisi√≥n sin correlacionarla con todas las otras. Ello es un principio de gesti√≥n, y por ende de comunicaci√≥n. No parece ser la suma de sus comportamientos puntuales lo que define la puntuaci√≥n sobre una entidad pol√≠tica, sino que parece ser la coherencia estructural, la consistencia general y la sugesti√≥n de capacidades generales (creatividad, capacidad de respuesta, fiabilidad, etc.) lo que se eval√ļa como rasgos estructurales (Del R√≠o, 2004, p. 324-325).

c) Mínima diferenciación: aunque la comunicación sea exitosa, se debe producir un mínimo de variabilidad que asegure cierta novedad en cada pieza comunicativa, especialmente en la publicidad gubernamental. Suena interesante poder concebir que difícilmente un grupo o partido político, disponga de un momento que pueda ser más intenso y oportuno para la difusión e instalación de su proyecto de gobierno (para que el mismo inicie el proceso de legitimación en la sociedad) que en un proceso electoral. En dicho momento, como punto de inicio de la comunicación de largo plazo, debe plantearse la combinación de los requisitos de máxima coherencia y mínima diferenciación, que luego modelaran la acción de gobierno:

 

Cuadro 1. Extracto de Spot de la Campa√Īa de Ricardo Lagos en Chile, 2000, en donde se

explicita la propuesta electoral como mito de gobierno, de lo desarrollado y de lo a desarrollar

DESCRIPCI√ďN DE IMAGEN

AUDIO

CONTEXTUALIZACI√ďN

IMAGEN DE UN N√öMERO 5 CON UN CORAZ√ďN (DIBUJO) QUE LATE Y UNA MANO ABIERTA (REAL) DONDE SE VEN LOS 5 DEDOS

Sonido de latidos de corazón

Los colores de la imagen representan los colores de la bandera chilena. Adem√°s, el 5 es el n√ļmero de la lista de Ricardo Lagos y son los 5 dedos de la mano

(….)

(….)

(….)

HABLA RICARDO LAGOS. DA UN DISCURSO A LA C√ĀMARA. DE FONDO TIENE UN AUDITORIO SENTADO QUE FLAMEA BANDERAS DE CHILE. LAGOS APARECE VESTIDO CON CAMISA BLANCA Y CORBATA Y TIENE UN MICR√ďFONO EN LA MANO. TAMBI√ČN HAY PAPELITOS COMO EN UNA CANCHA DE F√öTBOL

‚ÄúEl siglo XX qued√≥ atr√°s, ahora vamos a elegir, chilenas y chilenos al primer Presidente del siglo XXI‚ÄĚ (VOZ DE RICARDO LAGOS)

Lagos se presenta como el Presidente del nuevo milenio. La elección fue en diciembre de 2000, con todo el furor mundial por el cambio de milenio y de siglo.

IMAGEN DE UN RASCACIELOS ILUMINADO

Simboliza tecnología, el avance

SIGUE HABLANDO LAGOS, CON BANDERA DE CHILE DE FONDO, MUCHAS PRIMEROS PLANOS DE PROX√ČMICA ASOCIADA A MOVIMIENTOS DE SUS MANOS

‚ÄúVeo un Chile en paz, en paz consigo mismo, que super√≥ los traumas del pasado‚ÄĚ (VOZ DE RICARDO LAGOS)

Refiere a la dictadura pinochetista, y trata de asociar la idea de un duelo que recién empieza a producirse mirando siempre al futuro

IMAGEN DE UN CAMPO

‚ÄúUn pa√≠s mucho m√°s pr√≥spero, donde la pobreza es tambi√©n parte del pasado‚ÄĚ (VOZ DE RICARDO LAGOS)

Simboliza productividad y fertilidad de los campos chilenos

IMAGEN PAISAJE CHILENO UN POCO DETERIORADO

‚ÄúVeo un pa√≠s que sabe evitar los desastres ecol√≥gicos‚ÄĚ (VOZ DE RICARDO LAGOS)

Un país que además de los avances en la producción, no olvida su responsabilidad ambiental

HABLA LAGOS

‚ÄúCon un Estado eficiente, que facilite la iniciativa creadora‚ÄĚ (VOZ DE RICARDO LAGOS)

Estado promotor del desarrollo tecnológico y de la iniciativa privada y productiva. Un Estado capitalista y promotor de un sistema capitalista

IMAGEN REDES TECNOL√ďGICAS

IMAGEN MONTA√ĎAS CHILENAS

‚ÄúY sobre todo, que escuche a la gente, un Estado implacable con toda forma de corrupci√≥n‚ÄĚ

Plantea la necesidad de un Estado abierto, participativo y que luche contra la corrupci√≥n. Caracter√≠stica com√ļn en varios de los candidatos de Am√©rica Latina en esos a√Īos.

HABLA LAGOS

‚ÄúVeo un pa√≠s que vive y se enorgullece de su democracia, un pa√≠s tolerante, donde se respetan las creencias de todos y donde cada uno puede expresar libremente su fe‚ÄĚ

Resalta la democracia chilena, conseguida gracias a la Concertaci√≥n, coalici√≥n de la que forma parte su partido, el Socialista, y que gobierna Chile desde la recuperaci√≥n democr√°tica, a√ļn con fuertes disensos desde la Alianza (espacio que n√ļcleo a la oposici√≥n)

IMAGEN MAR Y MONTA√ĎAS CHILE.

HABLA LAGOS

‚ÄúLos invito a construir juntos este Chile grande, moderno, generoso‚ÄĚ (VOZ DE RICARDO LAGOS)

Llamado a la participación ciudadana en la construcción del Chile moderno. Es un enfático mensaje de activación cívica y apoyo a esa causa que es realidad y puede seguir siéndolo más

IMAGEN CORDILLERA DE LOS ANDES NEVADA.

HABLA LAGOS

‚ÄúLa naci√≥n estrella de un nuevo milenio, un Chile que destaque en el mundo, por su paz interior, por la serenidad y capacidad de su gente‚ÄĚ (VOZ DE RICARDO LAGOS)

Anhelo de hacer de Chile el país líder del nuevo milenio, con paz interior y con gente capaz que se destaque entre las naciones de todo el mundo

Fuente: elaboraci√≥n propia en base a spot de TV¬† de Ricardo Lagos, Campa√Īa 2000.

 

Claro est√° que la gesti√≥n o desarrollo comunicativo del proyecto general, en √ļltima instancia le cabe al gobierno, pues finalmente, es el representante operativo del estado como un todo, al menos en la ejecuci√≥n de las pol√≠ticas. Esa necesaria coherencia entre lo electoral y lo gubernamental, y dentro de todo el desempe√Īo gubernamental in totum, se puede apreciar en ciertos casos ejemplares, como el chileno, si se contrasta el discurso electoral (del cual el spot del cuadro 1 es un extracto simplificador) con el ‚ÄúPrograma de Gobierno‚ÄĚ del ‚ÄúPrimer Gobierno del siglo XXI‚ÄĚ (Gobierno de Chile, 2005, b) y su desagregada rendici√≥n de cuentas de la ejecuci√≥n de dicho proyecto en ‚ÄúLogros Marzo 2000-Marzo 2005‚ÄĚ (Gobierno de Chile, 2005, a).

Tambi√©n el caso de Canad√° es evidente, en donde la publicidad del gobierno, es un ejemplo de construcci√≥n del mito sustentado en la multiculturalidad, centrado en las garant√≠as de las minor√≠as subnacionales, respondiendo adem√°s, desde la comunicaci√≥n gubernamental, a los diferentes escenarios o intentos de secesi√≥n que el pa√≠s ha tenido. Este modo de lograr el mito, inculcando valores, se ha dado a trav√©s del tiempo en la b√ļsqueda de muchos acuerdos que trataron de buscar asuntos no contenciosos. Sirva este ejemplo para sostener que un mito profundo no se instala en el corto plazo, y este pa√≠s lo ha demostrado ya desde el siglo diecinueve, con la publicidad del gobierno destinada a los inmigrantes, existiendo asimismo, hitos recientes, como por ejemplo, el paquete constitucional propuesto por el gobierno federal en los a√Īos noventa, as√≠ como toda la publicidad desplegada en torno a la participaci√≥n de los atletas canadienses en los juegos ol√≠mpicos en Nagano, Jap√≥n (Rose, 2003, p. 153.165).

¬†Es cierto adem√°s, que la construcci√≥n del mito, puede darse a trav√©s de modos expl√≠citos, presentado a modo de documento escrito, puesto que dif√≠cilmente un gobierno pueda prescindir de su libreto para definir, por separado, sus prioridades. Sin embargo, existe tambi√©n una posibilidad impl√≠cita, a menudo muy poderosa, que permea el sentido com√ļn de las fuerzas pol√≠ticas y de los actores sociales y econ√≥micos, que es impulsada a√ļn, sin estar redactada y firmada. Desde esta perspectiva, no se excluye la posibilidad de que un gobierno se obnubile con el corto plazo (Garc√≠a, 2005, 31-32). Esta segunda opci√≥n es proclive al accionar de incrementalismos puros, que dejen de lado la coordinaci√≥n o simultaneidad requerida junto al mito de gobierno.

De lo expuesto, se deduce que la √ļnica exigencia que un mito necesita para constituirse como tal, sea en acuerdos t√°citos o en posturas expl√≠citas y escritas, es la brevedad, puesto que no constituye un compendio de todas las pol√≠ticas p√ļblicas y valores que lo sustentan, como puede serlo una propuesta electoral presentada como un extenso compendio (muchas veces sin la debida coordinaci√≥n y en franca contradicci√≥n de principios gu√≠a). Todo el desarrollo comunicacional denominado im√°genes de marca (brand state), que utilizan los estados en todos sus niveles y que son motivados por los gobiernos (no siempre solos, particularmente en la asociaci√≥n con el sector privado, especialmente en marcas de estado que se expresan desde un sentido econ√≥mico comercial), son ejemplos de mitos cristalizados en f√≥rmulas comunicacionales simplificadoras que dan cuenta de la brevedad aludida.

El caso de la peque√Īa Estonia, es un ejemplo de un pa√≠s que est√° reconfigurando su rumbo estrat√©gico, saliendo de una concepci√≥n que la defin√≠a como ‚Äúestado post-sovi√©tico‚ÄĚ o del antip√°tico r√≥tulo de pa√≠s ‚Äúb√°ltico‚ÄĚ, para pasar a ser definida como sus funcionarios le llaman, un pa√≠s ‚Äúpre Uni√≥n Europea‚ÄĚ o ‚Äúescandinavo‚ÄĚ. Tambi√©n fue la instalaci√≥n de una forma de pensar y de concebir a Gran Breta√Īa desde la asunci√≥n del primer ministro, Tony Blair, cuando proclam√≥ el ‚Äúnuevo laborismo‚ÄĚ otro ejemplo de marca, (Van Ham, 2001, p. 4) o el ‚ÄúNew Deal‚ÄĚ de Roosevelt.¬†

Dichos ejemplos, gozan de una verdadera dimensi√≥n internacional, pero con consecuencias profundas en la pol√≠tica dom√©stica, desde donde se permiten orientar al grueso de las pol√≠ticas p√ļblicas. Es decir que sirven para expresar las aspiraciones, pero tambi√©n para obtener competitividad internacional. Debiera quedar claro que dif√≠cilmente el mito de gobierno, representado en una imagen de marca, reemplace a los nacionalismos, como se podr√≠a interpretar (Van Ham, 2001, p. 3), sino que m√°s all√° de situaciones o procesos determinados, muchos de los mitos, se basan argumentalmente en dicho concepto. Pero prosiguiendo con ejemplos que den cuenta de los diferentes niveles del gobierno, y la conjunci√≥n con la exigencia de brevedad, el caso de la ciudad argentina de Rosario, es un notable ejemplo de ciudad en transformaci√≥n y de plena redefinici√≥n de su visi√≥n de largo plazo, sin romper con su pasado, sino afianz√°ndose sobre √©l:

 

Cuadro 2. Mito de gobierno de la ciudad de Rosario conocida como ‚ÄúExperiencia Rosario: m√°s ciudad, m√°s humana‚ÄĚ. Ciudad ejemplo de Gobernabilidad Democr√°tica, premio del PNUD, 2003

Una ciudad con ojos de ni√Īos

Derecho de las ni√Īas y los ni√Īos, acciones ‚Äúdesde y para‚ÄĚ la ni√Īez

 

Una ciudad con calidad de vida

Derecho de todos al espacio p√ļblico, a un h√°bitat de calidad y a servicios de la ciudad

 

Una ciudad participativa y eficaz

Derecho a un estado municipal transparente y cercano a la gente

 

Una ciudad modelo en salud p√ļblica

Derecho de los ciudadanos a la salud y la equidad en el acceso a los servicios de salud

 

Fuente: www.experienciarosario.org.ar

 

N√≥tese en el caso de un mito con nivel de desagregaci√≥n, como en el caso del cuadro 2, que los objetivos del mito, establecen amplios par√°metros para proveer a la racionalidad en la iniciativa de nuevos programas, los que traen beneficios aparejados, como est√°ndares para la performance de un gobierno, adem√°s de forzar a la cristalizaci√≥n del pensamiento ejecutivo de quienes son los responsables de su ejecuci√≥n (Crompton y Lamb Jr., 1986, p. 53-60). En consonancia con dichos autores, se acuerda que, para que sean fuertes, los objetivos deban ser apropiados, orientados a beneficios, priorizados, aunque desde luego, es mucho m√°s discutible la necesidad de que los objetivos no tenga ning√ļn grado de ambig√ľedad, sean solamente espec√≠ficos, y alcanzables. Muchos de los mitos de gobierno, precisamente en su generalidad, en su relativa ambig√ľedad y en su condici√≥n de de dif√≠cilmente alcanzables, se constituyen en valores activadores.

¬†Podr√≠a ensayarse un supuesto respecto al peligro del uso del mito, en el sentido de que los mitos son parte constitutiva de la comunicaci√≥n pol√≠tica de un gobernante, pero son tambi√©n un arma de doble filo, puesto que para el mito, seg√ļn sea el nivel de aprobaci√≥n de un gobierno, ser√° su propia fuerza de propagaci√≥n, pasible de darse en estas direcciones: a alto consenso del gobernante, mitos que corren positivamente a favor del gobierno; a bajos consensos del gobernante; mitos que corren negativamente en direcci√≥n opuesta al gobernante; a consensos divididos, mitos que corren tanto positiva como negativamente a favor o en contra del gobierno. Los consensos y la direcci√≥n del mito, se constituyen en la fuente que origina las adjetivaciones dominantes de un gobierno: din√°mico, moderno, corrupto, honesto, inoperante, clientelar, feudal, lento, duro, hegem√≥nico, etc. (Riorda, 2004, p. 120-122). Dichas adjetivaciones pueden poner en jaque, tanto al propio gobierno, como al mito mismo, pero en verdad que no hay opciones intermedias a este riesgo, pues el problema, tal como se afirm√≥ antes, es del gobierno y no del mito, y en todo caso, muchas veces¬† el origen de ese estado de cosas, cuando son negativas, puede ser precisamente la ausencia de un mito, o bien, la poca interrelaci√≥n entre un mito y las acciones incrementales.

Otro riesgo est√° asociado al uso de ficciones, muchas veces necesarias como √ļnica materia prima para construir argumentos innovadores o contra argumentos. En dicho sentido, son maneras de hacer entender lo nuevo para hacerlo m√°s familiar y poder a√Īadir m√°s sentido persuasivo. Se sostiene popularmente que ‚Äúel fuego se combate con m√°s fuego‚ÄĚ, y por ello, la ficci√≥n, s√≥lo se contra argumenta con m√°s ficci√≥n. Curiosamente, mientras m√°s audaz es la ficci√≥n, m√°s capaz parece de captar la atenci√≥n y de desarrollar su propio impulso intelectual. Las ra√≠ces constitucionales de los estados, las pol√≠ticas econ√≥micas, las teor√≠as de relaciones internacionales y muchos otros argumentos de pol√≠ticas, sirven a los gobiernos y son algunos de los innumerables ejemplos de ficciones (Hood y Jackson, 1997, p. 262-266, Pratkanis y Aronson, 1994, p. 69-77).

La amplificaci√≥n o exageraci√≥n de hechos o atributos que muchos tienen, pero que nadie comunica, es un tercer tipo de riesgo en los argumentos sobre los que suele sostenerse el mito de gobierno. La amplificaci√≥n engrandece la expresi√≥n, con sobrecargas, √©nfasis o redundancias que producen o facilitan la persuasi√≥n. Es un modo de magnificar hechos que de otro modo no ganar√≠an inter√©s p√ļblico. Pero no se sostiene aqu√≠ como v√°lida a la exageraci√≥n que desfigura, inventa y distorsiona informaci√≥n, transform√°ndola en falsa e inveros√≠mil (a la que se condena). S√≥lo se hace alusi√≥n a una faceta, denominada subjetiva, del tipo ‚Äúsomos los mejores‚ÄĚ, en donde no se pone en juego la legalidad de lo aseverado, aunque su confirmaci√≥n o demostraci√≥n como cierta, sea dif√≠cil, sino imposible.

En dicho sentido, la apropiaci√≥n de atributos que tal vez muchos tengan, pero que no han sido explotados en t√©rminos de uso ret√≥rico, es un modo que suele cuestionarse, pues existe una apropiaci√≥n de una diferencia que en realidad no es tal (Le√≥n,1993, p.79-80). M√°s all√° de esa pol√©mica, a modo de excepci√≥n, no se condena su uso cuando se destacan o potencian valores mejorativos que inciten a ser apoyados y que aunque no se confirme que quien proclama, sea poseedor √ļnico de los mismos, sirvan a los efectos de ser motores activadores en la b√ļsqueda del consenso. El slogan de la gesti√≥n del Presidente N√©stor Kirchner, reza: ‚ÄúArgentina, un pa√≠s en serio‚ÄĚ; o bien el caso de la campa√Īa electoral para la reelecci√≥n del ex Presidente de Chile, Ricardo Lagos, afirmaba ‚ÄúVeo un Chile mucho mejor‚ÄĚ, son ejemplos de ello. Probablemente ‚ÄúHambre cero‚ÄĚ, la propuesta estrella del Presidente Lula Da Silva, tanto para llegar a la presidencia de Brasil o como principio orientador de pol√≠ticas p√ļblicas sociales en su gesti√≥n, sea otro ejemplo. En todos los casos, es manifiesta la exageraci√≥n, o el nivel de valores dif√≠ciles de confirmar, centrados en la m√°s absoluta subjetividad, o bien en confirmaciones objetivas que todos los d√≠as muestran recurrentes excepciones.¬†¬†

En la b√ļsqueda de narrativas coherentes y colectivas que construyan mensajes con contenido, es bueno el ejemplo norteamericano cuando se instal√≥ el concepto de ‚Äúreligi√≥n c√≠vica‚ÄĚ de Reagan, cargada de elementos o valores culturales (Lorenzo, 1996, p. 3, 15-24). A√Īos despu√©s, en 1996, no fue distinta la percepci√≥n obtenida sobre elementos de Cultura Pol√≠tica Americana, desarrollada por la University of Virginia, Gallup Organization y el Post-Modernity Project, en la cual un abrumadora mayor√≠a apoyaba la ret√≥rica democr√°tica que justifica a USA, m√°s all√° de que exist√≠a cierta sensaci√≥n de cinismo y pesimismo, especialmente por puntos de vista liberales, o una cierta desconexi√≥n entre los valores cristianos, con una narrativa marcadamente asociada a un colapso moral o a sensaciones de insignificancia de grupos de alto nivel de educaci√≥n (Rutherford, 2000, p. 253-254).¬†

De lo dicho, y sosteniendo que no todo es cambio ni nueva imposici√≥n en la ret√≥rica pol√≠tica (Stuckey, 1996, p. 122-138), pueden entenderse ciertas pr√°cticas ret√≥ricas combinadas en la nueva centuria y bajo el gobierno de George Bush, sea desde el discurso del gobierno federal, sea desde los estados, como se vio en la cantidad de estos √ļltimos que (simult√°neamente a la elecci√≥n de gobernador y presidente del 2004) plantearon referendums asociados a enmiendas sobre asuntos asociados a valores, tal como los que la investigaci√≥n se√Īalada remarcaba.¬†

Lo que se afirma desde este planteo, es que las políticas de un gobierno, sean estas buenas o malas, no dependen teleológicamente del construccionismo político que alimenta al mito, sino de cada gobierno en particular y sus objetivos en consonancia con los de la población, por lo cual los juicios éticos y políticos, no deben caer sobre el procedimiento o herramienta, sino sobre los responsables del proyecto político en cuestión. Siguiendo este razonamiento, cabe agregar dos respuestas a los planteos de aquellos autores críticos de la publicidad gubernamental que sostiene al mito:

a) en verdad debieran ser críticos con la política misma, en tanto la comunicación política, no es más que una metonimia de un proyecto mayor del cual esta es sólo una parte que ayuda a su legitimación.

b) cuando centran la cr√≠tica en los mensajes de gran amplitud o de amplitud ilimitada (boundary-spanning), constantes, que atraviesan un amplio p√ļblico, con un amplio el espectro de significaci√≥n y valor econ√≥mico para su implementaci√≥n, pero b√°sicamente orientados a crear una imagen favorable del emisor, o de algo o alguien relacionado a √©l), deben considerar que muchas acciones de pol√≠ticas p√ļblicas, son meros hechos de comunicaci√≥n gubernamental, por ejemplo, las campa√Īas p√ļblicas o de bien p√ļblico, las pol√≠ticas de prevenci√≥n en su conjunto, etc., y aunque lleven la firma del gobierno y sean onerosas, son tan discutibles como hacer una autopista o un hospital. Nadie podr√≠a prever que impacta m√°s, y aunque ello fuese posible, se trata de opciones pol√≠ticas. Desde la iron√≠a de denominar al gasto excesivo en publicidad como ‚Äúsubsidios a la informaci√≥n‚ÄĚ (Negrine, 1996, p. 11), se juzga expl√≠citamente un patr√≥n de gasto o inversi√≥n comunicacional imposible de cuantificar, tan funcional como cualquier otro subsidio.

Asimismo, muchas de las acciones comunicacionales, aunque en s√≠ mismas no son pol√≠ticas p√ļblicas propiamente dichas, ayudan a contribuir o sostener consenso, y el criterio de escogencia de oportunidad, es un mero hecho de subjetividad. Sin caer en juicios contraf√°cticos, cabr√≠a preguntarse qu√© pasar√≠a si un gobierno no logra crear o sostener consenso en la ciudadan√≠a, ¬Ņser√≠a ello menos costoso, no s√≥lo desde la econ√≥mico, sino de la erosi√≥n de la confianza p√ļblica del ciudadano frente a sus representantes?.¬†¬†

Pero tambi√©n comprender la existencia de una visi√≥n de gobierno como un mito, tiene resultados, entre ellos la constataci√≥n de que los pa√≠ses con mayores tasas de crecimiento en las √ļltimas d√©cadas han contado con una visi√≥n nacional estrat√©gica (Guerrero y otros, 2005). Sin duda alguna, este planteo es un modo claro y racional, de entender, que el concepto de mito puede prestarse a muchas cosas, pero dif√≠cilmente sea desde este ensayo, un fetichismo en el n√ļcleo de lo pol√≠tico, como puede plantearlo Edelman por ejemplo (1991, p. 17). Es esa visi√≥n la que pueda transformarse en mito, y para ello, cabe razonar sobre ciertas exigencias y consecuencias para ello (Guerrero y otros, 2005, p. 7-18):

·                   La necesaria existencia de un equilibrio entre corto y largo plazo;

·                   Adecuación entre visiones y programas gubernamentales, puesto que los acuerdos son más viables y operativos cuando son producto de una visión compartida del futuro;

·                   Visiones holísticas y equilibradas  que reconcilien la multiplicidad de intereses y retos de la sociedad;

¬∑¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Sostener el proceso en facetas m√ļltiples y con base participativa (particularmente len a sociedad organizada), lo que garantiza apoyos expl√≠citos y representativos;

¬∑¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Adecuaci√≥n a la coyuntura y particularidad de cada lugar y sus actores, descartando los formatos √ļnicos;

·                   Definición previa de tópicos para concluir en diálogos sociales exitosos y visualización de posibles compensaciones a actores que puedan sufrir pérdidas en el corto plazo, como modo de ayudar a resolver los conflictos en las negociaciones;

·                   Existencia de políticas de transparencia

 

Cuadro 3. Mito de gobierno del Modelo Hong Kong

Concepto de marca: ‚ÄúHong Kong es donde la oportunidad, la creatividad y el esp√≠ritu emprendedor convergen. Es un centro din√°mico, f√≠sico y cultural con una infraestructura a nivel mundial, la ubicaci√≥n m√°s estrat√©gica de Asia, y una red global de gente con un impresionante grado de √©xito que puede apoyar el logro de tus metas y objetivos‚ÄĚ.

Frase resumen de marca:¬† ‚ÄúAsia¬īs World City‚ÄĚ (La ciudad mundial de Asia)

Transformaci√≥n: Ciudad que ha pasado de ser un importante n√ļcleo de manufacturas a un centro de servicios, de ah√≠ a un centro de servicios, de ah√≠ a un centro financiero y por √ļltimo a su incorporaci√≥n a la econom√≠a del conocimiento. Su √ļltimo cambio fue la vuelta a China en 1997.

Los valores principales de la Marca Hong Kong: 

1.               Progresiva.

2.               Libre

3.               Estable

4.               Oportunidad

5.               Alta calidad

Personalidad de marca: Innovadora, cosmopolita, emprendedora, líder, conectada.

El logo es un dragón en donde se aprecian las letras H y K. Este logo representa la imagen tradicional china, pero con una dinámica que le confiere su aparente movimiento y una imagen cambiante

Temas de promoción: infraestructuras, educación, libertad (tanto de información como de asociación), puerta de entrada a China y a los otros centros de negocios del Asia-Pacífico, alto nivel de autonomía: un país y dos sistemas implementados con éxito, protección de los derechos humanos, escena cultural, miembro del WTO y WCO. 

Fuente, en base a Asociación de Directivos de Comunicación y otros (eds.) (2003), p. 76-78.

 

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† Pero retomando el desarrollo anterior, el mito deja atr√°s a la concepci√≥n del ‚Äúrealismo f√°ctico concreto‚ÄĚ (Hood y Jackson, 1997, p. 294-296) como una comunicaci√≥n de tipo ‚Äúinventarial contable‚ÄĚ (Noguera, 2002, p.91-95), para pasar a una comunicaci√≥n de tipo simb√≥lica que b√°sicamente tenga la funci√≥n de generar esperanza, y que una vez instalada, pueda alimentarse a s√≠ misma.¬† Aunque disociada del √°mbito acad√©mico, la manifestaci√≥n de un creativo con singular experiencia en comunicaci√≥n local en Barcelona, demuestra con elocuencia lo que es lograr una comunicaci√≥n basada en un mito:

 

‚ÄúEn este tipo de comunicaci√≥n, √ļltimamente, hay una actitud que la sobrevuela: la emoci√≥n.¬† Son organizaciones ‚Äďmunicipales, tambi√©n- que no s√≥lo se relacionan personalmente con los ciudadanos: lo hacen con emoci√≥n. Con relevancia. Con oportunidad. Con frecuencia. Con alto valor. Los ciudadanos, desde esta comunicaci√≥n sensible, se sienten queridos, informados, mimados, implicados. Se sienten parte de la organizaci√≥n, de la marca. Se siente parte activa, emergente de la ciudad: p√ļblicos‚ÄĚ (Puig, 2003, p. 18).

 

Hacer sentirse parte, es el logro del mito. Es cuando el proyecto general de gobierno ha sido apropiado por la ciudadanía y sentido como tal. Ello es vital para la comprensión del mito, pues la condición de significación vía el lenguaje (político en este caso), es de alguna manera interaccional, y difícilmente salga exclusivamente de la cabeza de un individuo aislado, pues las proposiciones se van estructurando como una creación social (Edelman, 1991, p. 124).

La marca de gesti√≥n, suele constituirse (o por lo menos debiera serlo) en una s√≠ntesis creativa y publicitaria del mito. Constituye la centralidad de la comunicaci√≥n gubernamental. La marca capta la atenci√≥n: sorprende, no necesita explicaciones. Es promesa, es horizonte de esperanza, incita confianza, es para todos y adem√°s implica innovaci√≥n (Puig, 2003, 55-57). Ofrece as√≠ la posibilidad de realizar un aporte a la orientaci√≥n estrat√©gica, pudiendo crear sentido, moderar la sensaci√≥n de riesgo y reducir la complejidad. Cuando a Angela Merkel se le consult√≥ qu√© pod√≠a aprender la CDU de las marcas como Levi¬īs o Coca Cola, respondi√≥: ‚Äúpodemos aprender que la pol√≠tica debe ser congruente. Nuestros programas tendr√≠an que ser coherentes o identificables. Los ciudadanos deben reconocer en cada medida que proponemos nuestros principios b√°sicos de libertad, responsabilidad, competencia y justicia. Su identificaci√≥n y confiabilidad es lo que hace al valor de una marca‚ÄĚ (Schneider, 2005, p. 65-66)

Como se aprecia, existe en la definición del mito de gobierno, una importante combinación de hechos y valores, algunos apelando a la más pura emotividad, pero otros marcados con la inmediatez de lo cotidiano y racional para una buena gestión. Ello adquiere tonos más suaves cuando la preocupación por el corto plazo monopoliza la atención de los gobiernos, y ribetes más fuertes cuando las decisiones se alejan de los objetivos de largo plazo (Machinea, 2005, p.21). Presupone que la visión del devenir político de un gobierno, debe no estar tan guiada por las news, como por las views es decir, no sólo la actualidad de los hechos debe hacerse presente, sino además la narrativa del mito de gobierno. Cuando eso se logra, el ciudadano puede integrar las noticias temáticas del día a día, con su narrativa vital, y por otro lado, el gobernante logra integrar en términos de sentido, las acciones del día a día, con el ciclo largo que constituye su rumbo (Del Río, 2004, p. 325).

Por supuesto que el ejercicio de la comunicación gubernamental tiene luego diversas variantes para ser comunicada, basada en los pilares de "sorpresa, acción y éxito" (Gronbeck, 1992, p. 137-156) en los actos persuasivos que generan capacidad a través de la creación de identificaciones vía representaciones de corto plazo (contributivas al mito de gobierno, pero que generen innovaciones e iniciativa política) y de largo plazo (el mito de gobierno propiamente dicho), los se consideran absolutamente recomendables. Los gobiernos definen su estilo comunicativo en función del empleo de uno u otro tipo retórico, y el uso de tropos es la característica distintiva de ese estilo, entendidos como figuras retóricas que emplean las palabras en sentido distinto del que propiamente les corresponde y en donde hay una mutación o traslación de significado, bien en lo interno (pensamiento) o en lo externo (palabra). Existen tres usos comunes de tropos, que son figuras innovadoras que rompen los normales esquemas de palabras y las frases, que son la metáfora, la  sinécdoque y la metonimia (López Eire, 1998, p. 75):

1.¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† El uso m√°s com√ļn es la met√°fora, que consiste en reemplazar una palabra o concepto con otro al que se le atribuye nuevas connotaciones, sustituyendo el car√°cter de uno por el punto de vista de otro (Rose, 2000, p. 9). Permite desde lo pol√≠tico hablar de cuestiones delicadas al tiempo que se obtiene cierta inmunidad comunicativa (Fern√°ndez Lagunilla, 1999, p. 69). La asociaci√≥n de ideas metaf√≥ricas, es de car√°cter comparativo v√≠a la semejanza. No es en el fondo m√°s que una comparaci√≥n abreviada que tiene poder creador y expansivo. Ejemplo: ‚ÄúYo miro a los ojos de los ciudadanos y les digo: ayudadme a traer la paz. S√© lo que tengo que hacer y estoy dispuesto a hacerlo pero pido ayuda para derribar el muro del miedo‚Ķ‚ÄĚ Declaraciones de Aznar, El Pa√≠s, 24/10/1998). (Fern√°ndez Lagunilla, 1999, p. 69).

2.               La sinécdoque expresa la parte por el todo, el modo singular por el plural, el individuo por la especie, el continente por el contenido ("todo el país estaba esperando esta medida" por todos los ciudadanos). En este tropo, la representación puede ser sustituida por otra  (Rose, 2000, p. 9) existiendo una coexistencia de una idea con otra.

3.               La metonimia implica una sucesión y expresa la causa por el efecto, el autor por la obra. La metonimia ofrece una reducción (Rose, 2000, p. 9). Una ciudad de tipo patrimonialista, es referenciada indentitariamente por su patrimonio histórico particular, una ciudad modernista, es diferenciada por sus figuras técnicas (Mons, 1993, p. 25). Un logo de gestión, es su muestra más metonímica, pero asimismo, las imágenes de un gobierno son metonímicas y definen muchas ideas fuerza: la estatua de la libertad en USA, el viejo muro de Berlín en la Alemania oriental, etc.

 

En la actualidad, se plantea una fuerte simplificaci√≥n de sus usos, pues la divisi√≥n cient√≠fica de los tropos y sus diferencias, no conducen a ning√ļn beneficio pr√°ctico desde el dise√Īo de los actos comunicativos de un gobierno, sino que muchas veces s√≥lo hay gradualidades o m√≠nimos cambios de matices de un sentido a otro. Si bien la imagen es algo m√°s amplio que la met√°fora, es decir que permite m√°s figuras en su representaci√≥n, las im√°genes de marca por ejemplo, como forma simplificada y visual de una gesti√≥n (que se supone, debieran contener la estructura argumentativa y conceptual que represente el mito de gobierno) suelen tener un desfasaje que se produce entre la estructuraci√≥n ret√≥rica del mensaje de la imagen de marca, de parte del emisor y su recepci√≥n por parte de los ciudadanos, por lo que las im√°genes de desplazamiento (las metaf√≥ricas) est√°n dominando cada vez m√°s por sobre las de condensaci√≥n (meton√≠micas), aunque indefectiblemente hay un camino que de manera inexorable, lleva a la utilizaci√≥n de figuraciones dobles, mitad metaf√≥ricas y mitad meton√≠micas, complejas de elaborar, puesto que muestran un sentido √ļnico, aunque se dispersa simult√°neamente (Mons, 1993, p.82). Esa dif√≠cil combinaci√≥n de tropos, pareciera ser un criterio a seguir para alcanzar un nivel persuasivo que permita instalar el mito de gobierno como un elemento sociocultural en una naci√≥n o sociedad dada.

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† En el caso particular de las met√°foras, pero con la posibilidad de pensarlo aplicado a los dem√°s tropos, el lenguaje pol√≠tico, el gubernamental en este caso, tiene una funci√≥n ideol√≥gica, no s√≥lo como una manera de entender a la sociedad de acuerdo con un imaginario pol√≠tico (el mito).¬† En la ciudad de R√≠o Grande, en la isla de Tierra del Fuego, se cre√≥ una mascota, que intenta generar un elemento que pueda constituirse en elemento de referencia de la ciudad, que genere sentimientos colectivos, y que sea fuente emisora p√ļblica de mensajes a modo de valores o recomendaciones, particularmente para los ni√Īos. A dicha mascota, se le coloc√≥ un nombre, Washi, que es un diminutivo de un sonido gutural con el que los habitantes de la regi√≥n denominaban al zorro colorado (especie nativa y en peligro de extinci√≥n), y se realizan campa√Īas p√ļblicas de comunicaci√≥n, siempre atadas a valores que lo definen y sobre asuntos que le interesan al gobierno municipal, como formaci√≥n c√≠vica, recreaci√≥n, deportes, ambiente, salud, tr√°nsito, cuidado de la ciudad, etc. (Sicchar G√≥mez y C√≥rdoba, 2004).

Claro est√° que lo ideol√≥gico es inherente a la comunicaci√≥n pol√≠tica, sin la cual no puede desarrollarse o sostenerse (Hahn, 2003, p. 14). Tambi√©n lo ideol√≥gico es inherente a la comunicaci√≥n gubernamental. M√°s all√° de posturas te√Īidas de pragmatismo o de tomas de posici√≥n muy expl√≠citas en posiciones ideol√≥gicas fuertes, deliberadamente asumidas, o conscientemente amplificadas, siempre lo ideol√≥gico aparece, a√ļn bajo recurrentes contradicciones. Desde esta concepci√≥n, una postura que establezca un posicionamiento expl√≠cito del mito de gobierno centrado profundamente en lo ideol√≥gico, no se ve como desadecuada.

Estudios recientes (Zaller, 1989, p. 181-234) se han centrado en el papel que cumplen los que se han denominado ‚Äúatajos cognitivos‚ÄĚ en el acceso y procesamiento de la informaci√≥n por parte de los ciudadanos. Uno de estos atajos cognitivos es la ideolog√≠a (el m√°s importante) y se trata de ‚Äúesquemas‚ÄĚ que reducen el tiempo y esfuerzo requerido para sopesar las distintas alternativas y permiten una decisi√≥n racional con informaci√≥n imperfecta. Desde esta perspectiva, com√ļnmente se ha pensado, en una manera downsiana que la ideolog√≠a es una simplificaci√≥n de la informaci√≥n (Downs, 1968). Lo que se puede proporcionar desde la comunicaci√≥n pol√≠tica, es informaci√≥n pero mediatizada y procesada por variables estructurales previas. En realidad, estudios como el de Nie, Verba y Petrocik (1979), afirman que hay ciertas √©pocas m√°s ideologizadas con "hip√≥tesis ambiente" fuertes, que tienen que ver con ciertos contextos y sus protagonistas, lo que marca que el uso ideol√≥gico de los electores (los ciudadanos si hablamos en comunicaci√≥n gubernamental) para decidir su posici√≥n, se haga m√°s frecuente. Pero pareciera ser mucho m√°s habitual que se d√© un "voto por imagen" (apoyo por imagen, en este caso) de partido, conformado por electores que no son s√≥lo producto de formaciones psicol√≥gicas de largo plazo, ni tampoco racionalistas que apoyan tem√°ticamente tal o cual posici√≥n de un partido, sino que poseen percepciones gen√©ricas, mitad identificaci√≥n afectiva, mitad expectativas (Singer, 2002: 35-43).¬†

En una línea bastante similar, Levitin y Miller (1979), avanzaron sosteniendo un concepto emparentado al anterior, al que llamaron "sentimiento ideológico", por el cual los electores suelen hacer un uso no ideológico de los rótulos ideológicos, a lo que sostienen que la ideología orienta, pero no determina el posicionamiento ante temas de agenda, más allá de tener alguna correlación. Así se desprende que el voto por cuestión o tema, no es igual al voto por ideología, y no sólo entonces que la ideología no exige entonces un voto altamente informado, sino que incluso podría llegar a sostenerse que puede permitir exactamente lo contrario. Se concluye entonces que salvo ciertos contextos, el voto o apoyo ideológico no es tan sofisticado, no requiere de mucha información, y probablemente esté mucho más asociado a la imagen o el sentimiento que se tenga del partido o de la gestión en este caso (Singer, 2002: 35-43). 

Por lo expuesto, no es entonces da√Īino propender a una similitud entre el mito y la ideolog√≠a y se lo considera leg√≠timo, aunque probablemente se deba atender, en funci√≥n de lo que el p√°rrafo anterior afirmaba, que una cosa es comunicar el rumbo del gobierno en un tono fuertemente ideologizado, lo que no es malo, y otra, desplegar un ejercicio de legitimaci√≥n de pol√≠ticas p√ļblicas particulares o sectoriales, cada una de ellas circunscripta o argumentada en base a lo ideol√≥gico, lo que ser√≠a un grave error. Los ciudadanos autoposicionados en uno u otro extremo del arco ideol√≥gico, dif√≠cilmente puedan llegar a apoyar a todo lo que tenga que ver con lo m√°s cercano a su posici√≥n, y as√≠ habr√° ciudadanos cerca de la izquierda que apoyen pol√≠ticas p√ļblicas espec√≠ficas cerca del otro extremo y a la inversa. Equivale ello a plantear que un gobierno que comunique un sentimiento ideol√≥gico como un todo, puede generar y superponer esa comunicaci√≥n con su mito de gobierno como un acto leg√≠timo y funcionalmente eficaz, m√°s desagregar comunicativamente cada pol√≠tica en particular y comunicarla de una manera fuertemente ideologizada, es un acto que s√≥lo genera posibilidades de erosi√≥n de la confianza ante determinados temas, lo que implicar√≠a un enorme error estrat√©gico.¬†¬†

 

Reflexiones finales

Los desv√≠os √©ticos desde el gobierno, son potencialmente peligrosos en el uso del mito, pero no mayor que en cualquier otro tipo de planteo de acciones pol√≠ticas. La l√≥gica construccionista de un gobierno, centrada en la persuasi√≥n, es una herramienta adecuada para instalar argumentos que den cuenta del mito de un gobierno. Los abusos no son de la persuasi√≥n, sino de quienes abusan de la persuasi√≥n, y por ende, todo argumento tiene, desde la l√≥gica de la persuasi√≥n, la posibilidad de ser construido social y pol√≠ticamente, en la medida que sirva de sost√©n para un proyecto general de gobierno que se cimiente sobre un mito, a√ļn bajo fuertes manifestaciones ideol√≥gicas. La construcci√≥n social de la realidad, encaminada al apoyo del mito, es una herramienta √ļtil instrumentalmente.

Muchas de estas cuestiones ameritan un serio, profundo y científico debate, en clave de ciencia aplicada, pero desprovisto de preconcepciones sobre el papel de la comunicación gubernamental, y no desde los abusos de los actores políticos, siempre condenables, por cierto. El mito de gobierno, como elemento unificador, como elemento de aporte a la estabilidad política, y como elemento que dote de consenso y certidumbre a los sistemas políticos inestables, es una variable pendiente en muchos rincones geográficos, particularmente en América Latina.

Lamentablemente el desarrollo incipiente de los estudios centrados en comunicación gubernamental, no hace posible discurrir sobre los efectos de la construcción política, y sólo sirven de guía analítica los estruendosos fracasos, cuando no abusos, de ciertos gobiernos. En realidad, el mito de gobierno, no debiera ser visto como una mera imposición, sino como un elemento que garantice el rumbo de un gobierno a la ciudadanía, de ahí su utilidad.

 

 

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[1] Es obvio que este tema abre la puerta a una infinita discusión sobre la teoría de la representación política y la legitimidad de las decisiones que obviamente excede al presente.

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